Trump promete 5.000 dólares por ciudadano con las midterms en juego
5.000 dólares para cada ciudadano si gana las midterms. La promesa de Trump tiene el efecto de una bomba de relojería: primero el asombro, después la calculadora. Con unos 350 millones de habitantes, el cheque colectivo sale a 1,75 billones de dólares. Ya en su primer mandato prometió 2.000 dólares por cabeza que nunca llegaron. Ahora dobla la apuesta, con el petróleo cerca de los 100 dólares y el bono estadounidense por encima del 5%.
La factura: 350 millones por 5.000 dólares
La aritmética es tozuda. 350 millones de personas multiplicadas por 5.000 dólares dan 1,75 billones. No es una cifra abstracta: equivale a varios ejercicios enteros de gasto federal. Con la deuda nacional en 40 billones y el rendimiento del bono por encima del 5%, el argumento de que «un par de billones más no cambian nada» solo se sostiene sobre el papel. Quien defiende la medida apunta que el dinero se reintegraría a la economía si se obliga a gastarlo en producto fabricado en Estados Unidos, de modo que el circuito no salga del país.
De Zapatero a Trump: el pagüitismo comparado
El precedente español aparece sin buscarlo. Zapatero ganó la reelección prometiendo 400 euros a cada declarante del IRPF, un cheque que quedó fijado en la memoria colectiva como el patrón de todas las promesas electorales posteriores. La diferencia es la escala: 400 euros entonces frente a 5.000 dólares ahora. La tentación de llamarlo compra de votos ha cruzado el Atlántico, y desde el propio ámbito político español se ha usado el término «pagüita» para describir la oferta. Aquí la promesa se lee con sorna: el mismo que reparte cheques suele ser el que después sube los impuestos para pagarlos.
Por qué casi nadie se cree el anuncio
El escepticismo domina el análisis. La primera duda es económica: financiar el cheque exige emitir deuda o imprimir billete, y ambas cosas alimentan la inflación. La segunda es histórica: la promesa de 2.000 dólares de su primer mandato nunca se materializó. La tercera es estructural: si el dólar se deprecia, los 5.000 valen menos que el día del anuncio. De ahí que muchos anticipen que el ciudadano tardaría poco en convertirlos en bitcoin, oro o renta variable antes de que el poder de compra se evapore. El contexto no acompaña: con el crudo en torno a los 100 dólares y el WTI en 102, el tipo que promete repartir cheques es el mismo que necesita contener los precios.
Nadie descarta tampoco que el anuncio esconda un interés lateral por el universo cripto, donde el entorno del propio Trump tiene intereses conocidos.
Un detalle para redondear: el cheque prometido es hoy casi doce veces el de Zapatero. En quince años la promesa electoral se ha multiplicado por doce. La credibilidad, en cambio, no ha corrido la misma suerte.