Trump vuelve a por Suiza: el déficit comercial como arma arancelaria
Trump ha vuelto a recurrir a su táctica favorita: presentar el déficit comercial como un robo. Esta vez el objetivo es Suiza, y la cifra que maneja es tan redonda como engañosa. El presidente estadounidense asegura que con un bolígrafo podría eliminar los 39.000 millones de déficit en bienes, como si el comercio exterior fuera un juego de suma cero.
Los datos matizan bastante la historia. Ese déficit de 39.000 millones corresponde solo a bienes. Al incluir servicios, la cifra se desploma a unos 8.000 millones. Y el intercambio total entre ambos países alcanzó los 290.000 millones de dólares en 2025. Suiza, además, es el sexto país extranjero por inversión directa en Estados Unidos. Difícil encajar eso con la narrativa del supuesto "robo".
Cuando Trump habla de relojes suizos, olvida que lo que Estados Unidos compra realmente a Suiza son productos farmacéuticos y dispositivos médicos. Un detalle relevante: amenazar con vetarlos tendría efectos colaterales serios sobre el propio sistema sanitario estadounidense.
El trasfondo es aún más incómodo para Washington. Mientras el estado suizo financia su deuda a tipos de interés irrisorios, Estados Unidos paga en su bono a 30 años alrededor del 5%. La diferencia de percepción de riesgo entre ambos países dice más que cualquier discurso arancelario. Y encima, en el Senado ya se prepara una ley para codificar los aranceles: la amenaza podría dejar de ser retórica.
Con estos números, la narrativa de Trump resiste mal el contraste. Pero mientras el déficit comercial siga siendo una herramienta política rentable, Suiza seguirá en el punto de mira. La cuestión no es si habrá aranceles, sino cuándo dejarán de ser una bravata para convertirse en una decisión con efectos imprevisibles sobre una relación comercial que, pese al ruido, sigue siendo profundamente interdependiente.