Tucker Carlson, Glenn Greenwald y el miedo a la libertad de expresión bajo la sombra de Israel
En una entrevista reciente que ha resonado en los círculos críticos con el establishment, Tucker Carlson y Glenn Greenwald han puesto sobre la mesa una tesis que muchos califican de conspirativa, pero que otros consideran una advertencia urgente: Israel estaría coordinando un plan global para silenciar a los disidentes, y la guerra con Irán sería la cobertura perfecta. Greenwald, abogado constitucionalista y periodista que destapó los programas de vigilancia masiva de la NSA, no es un advenedizo en la defensa de la Primera Enmienda. Pero esta vez su mensaje es más sombrío que nunca: la libertad de expresión nunca ha estado tan amenazada en EE.UU. como ahora, y el enemigo no es solo doméstico.
La entrevista que resucita el fantasma del deep state
El vídeo, emitido alrededor del 15-16 de marzo de 2026, llega en un contexto bélico: dos semanas antes comenzó la guerra entre EE.UU./Israel e Irán. Según Carlson y Greenwald, los países en guerra tienden a volverse autoritarios, y esta no es la excepción. La campaña para silenciar las críticas a Israel sería la punta de lanza. Pero el dato que los ha puesto en el punto de mira no es menor: Carlson afirma que la CIA lo tiene bajo vigilancia, y Greenwald asegura que el plan para acabar con la libertad de expresión en EE.UU. tiene firma israelí.
En el otro lado, hay quienes —incluso dentro del propio espectro disidente— tratan a Carlson de vendehumos y a sus fuentes de poco fiables. La acusación de que el gobierno usa la guerra para cercenar derechos no es nueva, pero en esta ocasión se añade un ingrediente artefacto peligroso: la colaboración activa de un gobierno extranjero.
Los datos que alimentan la desconfianza
Aunque el debate está cargado de opiniones, hay hechos objetivos que dan munición a los escépticos. Por ejemplo, el incendio de 30 horas en el portaaviones USS Gerald Ford, ocurrido en fechas cercanas a la entrevista, ha sido interpretado por algunos como un sabotaje o un signo de que la guerra no va según lo planeado. Además, la dimisión de Joe Kent, el zar antiterrorista de Trump, por su oposición al conflicto, ha abierto una brecha dentro de la propia administración. Estos dos eventos, documentados en medios alternativos, son utilizados como pruebas de que el relato oficial se resquebraja.
Pero la pregunta que nadie responde bien es hasta qué punto la maquinaria propagandística israelí puede actuar dentro de EE.UU. sin consecuencias. Greenwald apunta a una coordinación entre agencias de inteligencia y lobbies que ya ha dado demostraciones de poder en el pasado, como el caso de la Ley de Vigilancia Extranjera.
El dilema de la credibilidad
La postura mayoritaria entre quienes siguen a estos analistas es que existe una amenaza real y que la guerra de Irán es el pretexto. Sin embargo, un sector no desdeña la denuncia pero cuestiona las fuentes: señalan que personajes como Castillón o Charlie Kirk han soltado teoría conspirativa sin base sólida, y que asociar a Carlson con ellos puede deslegitimar la causa. Además, la reacción de Netanyahu tras las acusaciones de Kirk —desmentir que Israel estuviera detrás de un ataque— fue inmediata, pero no suficiente para calmar a los que ya están convencidos.
Lo que queda claro es que, más allá de la veracidad de cada afirmación, el debate refleja una fractura profunda en la confianza hacia las instituciones. El lector que llegue desde Google buscando respuestas se encontrará con un escenario donde los hechos y las interpretaciones chocan, y donde el escepticismo es la única moneda de cambio.
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