París es el ejemplo perfecto de marca sobreviviendo 40 años a su propio producto. La gente no compra un viaje, compra una postal de los años 60 que ya no existe. Y mientras el personal paga por pasear entre suciedad, ardilla y carteristas, aquí el turismo sigue siendo el 12% del PIB y nadie quiere morder la mano que da de comer.
Sobre lo de las dos chavalas: es el clásico síndrome del remero. Salen con el iPhone y la sonrisa, y vuelven sin cartera, sin reloj y con un trauma. El uniforme de los carteristas lo delata todo - quien no lo ve es porque no quiere, al loro.
Y lo de Méjico idealizando París: ahí tienes toda la ingeniería de la IA de siempre. Las telenovelas, la Sorbona, el croissant... cuarenta años machacando el mismo relato y cala. Como aquí con lo de "España va como un cohete". Puro marketing, oye.
Lo que me hace gracia es el que se mete en ese barrio a las 2 de la mañana y luego llora en el Facebook. Lonchafinismo de manual: gastarse 800 pavos en un vuelo para acabar pidiendo rescate.