Turquía contra el Imperio estadounidense: Erdogan y la OTAN
¿Es Estados Unidos un imperio? La pregunta, que parece de sobremesa, lleva tres años y medio abierta en un rincón de internet. El detonante fue un artículo del analista
Thierry Meyssan publicado el 25 de abril de 2023, a tres semanas de las
elecciones turcas del 14 de mayo. Su tesis:
Recep Tayyip Erdogan ha pasado de islamista a nacionalista para frenar su caída en los sondeos frente a
Kemal Kilicdaroglu, el candidato de la oposición unida, y si gana podría sacar a Turquía de la OTAN.
El texto no se queda ahí. Recuerda que el ministro del Interior,
Suleyman Soylu, denunció los crímenes del «Imperio americano» ante los jóvenes del AKP y acusó al embajador estadounidense
Jeffrey Flake de entrometerse al exhibirse con el candidato opositor. También menciona el intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016, la compra de armas rusas y el gasoducto con Moscú como origen del giro. A partir de ahí, la conversación se parte en dos: los que discuten si el término «imperio» es correcto y los que directamente pasan de la semántica.
¿Es Estados Unidos un imperio sin emperador?
El eje del desacuerdo es léxico. Una parte sostiene que
Estados Unidos no es un imperio porque no hay un emperador con nombre y apellidos, y que usar la palabra así degenera el lenguaje. Otra responde que los imperios no desaparecen porque se les cambie el nombre, y que el control se ejerce hoy a través de la OTAN, de candidatos colocados y de organismos internacionales. La pregunta «¿quién es el emperador?» recibe respuestas dispares:
Wall Street, la Reserva Federal, BlackRock, la familia Rothschild o, directamente, el gran capital que controla empresas, bancos y medios.
Hay quien zanja el asunto con una analogía histórica: en Roma, el emperador era puesto y depuesto por la Guardia Pretoriana, así que el poder real nunca estuvo donde parecía. Otros recuerdan que la efigie del emperador figuraba en las monedas y que hoy el rostro que aparece en el dinero no es el de una persona. La discusión se enreda entre acepciones del diccionario y termina, como casi siempre, en un intercambio de ironías.
El giro nacionalista de Erdogan y el miedo a perder el poder
El material de Meyssan describe a Erdogan como un dirigente que llegó al poder con ayuda de la CIA y que ahora se vuelve contra ella. Su partido lo presenta como salvador de la independencia turca frente a las maniobras de Washington. El detonante, según el texto, fue el intento de golpe de 2016, cuando Ankara había decidido construir un gasoducto con Rusia y comprar armas a Moscú. A eso se suma el terremoto del 6 de febrero, que costó decenas de miles de vidas y del que una parte de la opinión pública culpa a Estados Unidos, sin pruebas confirmadas.
El artículo también señala que el embajador Flake visitó públicamente a Kilicdaroglu y que Erdogan le cerró la puerta: «Nuestras puertas están cerradas para él». El ministro Soylu fue más lejos y le dijo que sacara sus «sucias manos de Turquía». La paradoja es que el propio Soylu ha sido señalado por un mafioso fugitivo,
Sedat Peker, que lo vincula al uso de hombres de al-Qaeda para derrotar a los golpistas en 2016. El texto no aclara si esas acusaciones son ciertas.
¿Qué pasó con la compra de los S-400 y la OTAN?
En la conversación aparece un dato que se repite: Turquía compró sistemas
S-400 a Rusia y no ha pasado nada, mientras Grecia compró
S-300 y tampoco hubo consecuencias. Para una parte, eso demuestra que la pertenencia a la OTAN es más flexible de lo que se dice. Para otra, el gesto de Erdogan es puro cálculo electoral. El texto de Meyssan apunta que, tras la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái del 17 de septiembre de 2022, Erdogan dijo que Turquía podría unirse a esa alternativa al orden occidental.
La discusión deriva hacia España. Varios mensajes comparan la situación turca con la española y lamentan que el país no haya sabido mantener una posición neutral e independiente. Se menciona el peso del turismo y la dependencia de Bruselas. La conclusión más repetida es que Turquía tiene margen de maniobra porque tiene algo que ofrecer, mientras que otros países europeos han renunciado a él.
Al final, la pregunta sigue sin respuesta. ¿Cuánto dura el giro de Erdogan? Nadie lo sabe. Lo único claro es que el término «imperio» ha servido para discutir durante tres años sobre quién manda de verdad. Y que el emperador, si existe, no tiene nombre.