RTVE publica una lista de organizaciones de «extrema derecha» con el Partido Feminista dentro
¿Cómo acaba el Partido Feminista en una lista de organizaciones de extrema derecha? La paradoja la destapó la difusión de un listado atribuido a RTVE en el que aparecen, bajo la etiqueta de extrema derecha, organizaciones católicas, plataformas patrióticas, entidades separatistas catalanas y el propio Partido Feminista. El caso, que saltó a la conversación pública a través de una publicación en redes, ha reabierto el debate sobre el papel de la radiotelevisión pública y sobre quién decide qué es extremismo en España.
La primera reacción fue de desconcierto.
Lidia Falcón, histórica dirigente feminista, encaja mal en un catálogo de ultraderecha: según se recuerda en el debate, fue detenida en 1972 junto a su familia con acusaciones graves, su madre se suicidó, y en 1974 pasó diez días en dependencias policiales bajo torturas antes de ingresar siete meses en preventiva en Yeserías. Poner a esa mujer en la misma lista que la extrema derecha tiene su punto de surrealismo administrativo.
Qué organizaciones aparecen en la lista atribuida a RTVE
El listado mezcla sensibilidades que no comparten nada. Junto a organizaciones sociales católicas y plataformas patrióticas, figuran entidades separatistas catalanas y el Partido Feminista. También aparece
Hazte Oír, cuya presencia nadie discute. La Fundación Franco, según se apunta en la conversación, también está incluida.
La mezcla tiene consecuencias prácticas. Si el criterio es la extrema derecha, el Partido Feminista no encaja por ningún lado. Si el criterio es
cualquier cosa que se salga de la agenda del PSOE y del PP, entonces la lista se entiende mejor. Hay quien sostiene que el Partido Feminista está ahí por su enfoque radical en la lucha por los derechos de las mujeres y por su posición abolicionista de la prostitución, un tema que los dos grandes partidos mantienen en un limbo de alegalidad sin regular.
El coste de RTVE y el argumento de cerrar la televisión pública
La lista ha servido de munición para un debate que llevaba tiempo cocinándose: el coste de la radiotelevisión pública. La cifra que se maneja en la discusión es de
1.200 millones de euros al año. Con ese dato sobre la mesa, la propuesta de cerrar RTVE y todas las cadenas autonómicas gana adeptos entre quienes consideran que el dinero público financia un aparato de propaganda.
El argumento tiene su réplica. Las televisiones públicas, se responde, están controladas por quien pone el dinero, y ese control no cambia con el color del Gobierno: cambia el inquilino, no la estructura. La comparación con otras cadenas autonómicas aparece de inmediato: se sostiene que la manipulación no es exclusiva de RTVE y que fijarse solo en ella es una táctica para blanquear a las demás.
La paradoja del Partido Feminista en la lista de extrema derecha
El caso de Lidia Falcón es el que más chirría. Su historial represivo bajo el franquismo no encaja con la etiqueta que le han colocado. Hay quien lo resume con una comparación: ponerla como derechista es como decir que un jerarca del régimen era un progresista. Sus ideas pueden discutirse, pero sostenerlas le costó detenciones, torturas y cárcel.
Esa contradicción es la que ha convertido el listado en un fenómeno más comentado que el programa que lo originó. La paradoja se extiende a otras organizaciones incluidas: entidades separatistas catalanas junto a plataformas patrióticas, organizaciones católicas junto a colectivos izquierdistas. El criterio, si existe, no es ideológico en el sentido convencional.
Qué se debate de fondo: quién decide qué es extremismo
El asunto va más allá de una lista. Lo que se discute es quién tiene autoridad para etiquetar a una organización como enemiga del Estado y con qué criterios. La radiotelevisión pública, sostienen algunos, no debería publicar catálogos de este tipo sin una metodología transparente. Otros ven en la polémica una sobrerreacción: toda clasificación genera agravios, y el hecho de que la lista sea imperfecta no invalida la categoría de extrema derecha.
En el fondo late una cuestión más incómoda. Si la lista incluye a organizaciones que no son de extrema derecha, ¿cuántas de las que sí lo son quedan fuera? La pregunta inversa también se plantea: si el criterio es tan amplio, ¿qué organización no acabaría dentro?
La lista, mientras tanto, sigue circulando. Y el Partido Feminista, fundado por una mujer que pasó por las torturas de la DGS, comparte ahora catálogo con la Fundación Franco. Si alguien encuentra la lógica, que la publique. A lo mejor merece otra lista.