Ucrania dice que un MiG-29 de 40 años derribó un Su-35 ruso en Kherson
El
derribo de un Su-35 en Kherson que reclama Kiev sería el golpe más vistoso al orgullo de la industria militar rusa desde que arrancó la invasión. También es, por ahora, una noticia de una sola voz. El Ministerio de Defensa de Ucrania informó de que hacia las
14:00 un caza MiG-29 de su Fuerza Aérea había derribado un Su-35 ruso sobre la región de Kherson y lo celebró con una frase: «El cazador se convierte en presa». Sin imágenes, sin traza de radar y sin un tercero que lo respalde.
Qué dice exactamente el parte ucraniano
El anuncio salió del Ministerio de Defensa ucraniano, que atribuye la acción a un MiG-29 de la Fuerza Aérea de las Fuerzas Armadas de Ucrania. El lugar: el cielo de la región de Kherson. El tono, el de un golpe de comunicación más que el de un parte militar. La frase elegida se repitió como eslogan y funcionó: el relato del aparato soviético veterano que tumba a la joya de la aviación rusa se extendió en minutos. No hay restos, no hay vídeo del derribo y no hay confirmación desde el lado ruso. La propia naturaleza del anuncio invita a tratarlo como lo que es, una afirmación en disputa, no un hecho cerrado.
Un MiG-29 de los ochenta contra un Su-35
El aparato ucraniano es de diseño antiguo, con cuatro décadas de servicio a la espalda. En los ochenta era puntero: radar, misiles guiados por radar de 40 kilómetros de alcance, misiles supermaniobrables de guía infrarroja y visor de casco, una combinación que en determinadas condiciones permitía plantar cara a un Su-27. El Su-35, en cambio, no es un caza nacido de cero: es una modernización profunda del Su-27, y así lo describen las notas técnicas que circulan sobre el modelo. Cuatro décadas de diferencia de diseño, y aun así un combate aéreo nunca es una resta de fichas. Al origen del MiG-29 conviene asomarse: se desarrolló en la fábrica dirigida por Mikoyan y lo han volado todos los países del Este, y, según un comentarista del hilo, Ucrania
heredó el 30% de la capacidad industrial de la URSS. Parte de los aviones que aún vuelan podrían venir de Polonia o de los que la Fuerza Aérea estadounidense guardaba en sus arsenales, una entrega que se da por hecha sin documento a la vista.
Las cifras del desgaste ruso: 30.000 bajas y 1.330 tanques
Al derribo le acompaña un recuento que circula en el hilo: tres meses de guerra, alrededor de
30.000 bajas rusas y
1.330 tanques destruidos. Cifras redondas, sin desglose, sin metodología y sin una fuente que se pueda comprobar. Se sostienen sobre lo mismo que la noticia del Su-35: la palabra de quien tiene interés en que se crea. El problema no es que sean falsas, puede que estén cerca o muy lejos de la realidad, sino que no hay manera de comprobarlas con lo que hay encima de la mesa. En una guerra donde la información es un arma más, un número sin metodología es una opinión con formato de estadística. Y los muertos, mientras tanto, no se cuentan por estadísticas.
Por qué la aviación ucraniana sigue volando tras tres meses
Un MiG-29 cargado de bombas y misiles necesita casi un kilómetro de pista en perfecto estado para despegar; que Ucrania conserve aparatos operativos y pistas utilizables después de tres meses se lee, desde una orilla, como prueba de la incompetencia rusa. Desde la otra se recuerda que cualquier ejército profesional habría alcanzado ya la frontera rumana en menos de un mes. La anécdota que se cita es la de la isla de las Serpientes: dos MiG-29 volando rasante por debajo del radar y soltando varias bombas de 200 libras, una acción que, se asegura, quedó grabada por un dron Bayraktar TB-2. Con todo, la conclusión más asentada incomoda a los dos bandos: en esta guerra los aviones pintan poco, manda la artillería.
El fantasma de Kiev y el desgaste del relato
Cada victoria aérea sin imágenes arrastra el mismo chiste. El derribo no ha tardado en cruzarse con el
fantasma de Kiev, el piloto legendario al que se atribuyen medio en broma todos los derribos imposibles de verificar, y hay quien directamente equipara este parte con el del francotirador fantasma de Kiev. Alrededor, el choque de siempre: quienes dan por rusas Kherson, Melitopol o Mariúpol frente a quienes sostienen que las fuerzas ucranianas cruzaron el río Inhulets y están a
nueve kilómetros de Kherson. Los dos bandos hablan con la misma certeza y ninguno enseña el mapa.
Lo que no dice ninguna de las dos partes
Falta lo básico de cualquier derribo creíble: la identificación del aparato, la zona exacta, imágenes del impacto o de los restos, y una confirmación ajena a los estados mayores. Del lado ruso, silencio, que en esta guerra no equivale a negación ni a admisión. Ese hueco es el que convierte un parte de guerra en un ejercicio de fe, y también el que alimenta las dos lecturas opuestas del mismo episodio.
Con este material, lo previsible es que lleguen más partes como este y más dudas sobre ellos. La aviación no va a decidir la guerra; la artillería, sí. Si el Su-35 cayó de verdad sobre Kherson, Moscú tardará semanas en admitirlo. Si no cayó, nadie podrá demostrarlo nunca.