La logística de Kiev arde: los almacenes que abastecen al ejército, en llamas
El parte de guerra de la última madrugada en Kiev es demoledor. El centro logístico de Rozetka en Brovary, los almacenes de New Post en Obolony y junto a Zhulyany, el centro comercial Epicenter en DVRZ y su almacén en Kalinovka, los depósitos de Novus cerca de Borshchagovka, las naves de Raben Group y Fozzy, y el complejo de transporte y logística Chaika: todos alcanzados por el ataque masivo con misiles de las Fuerzas Armadas rusas. Y un dato que estremece: según las informaciones que circulan, ninguno de los misiles balísticos fue derribado.
La pregunta que flota sobre los escombros es incómoda: ¿Ucrania ya no tiene con qué defender su cielo? El relato oficial de Kiev ha presumido durante meses de una interceptación casi perfecta de los misiles rusos. Si esa cifra cae a cero en un ataque coordinado, algo se ha roto en la cadena de defensa.
El final de la guerra o el desgaste infinito
Entre los analistas militares se abren dos lecturas. Una sostiene que la pérdida acelerada de territorio y la destrucción de infraestructuras críticas llevarán al colapso del ejército ucraniano y a un cierre del conflicto antes de que termine el año. La otra corriente apunta que Estados Unidos y la OTAN manejan Ucrania como un proxy en una guerra de desgaste contra Rusia, dispuestos a sacrificar el país mientras se pueda. En ese escenario, el final no está ni cerca: la mecha se mantiene encendida porque interesa a las potencias.
La única certeza sobre el terreno es que los almacenes arrasados no se reconstruyen en una noche, y que la defensa aérea necesita misiles que no llegan. Mientras en Bruselas se habla de sanciones, en Moscú pueden anotarse un éxito logístico. Esta vez, la guerra ha firmado su parte de bajas en la trastienda de la economía ucraniana.