El bulo del vídeo del Mossad: chantaje, armas y el silencio de Rabat
Una cuenta que se presenta como ex espía sostiene que el Mossad guarda un vídeo de contenido íntimo del rey Mohamed VI. La paradoja es vieja como el oficio: el material más artefacto peligroso no se filtra, se archiva. Un chantaje que se ejecuta deja de valer; uno que se insinúa cotiza durante años. Nadie ha visto el archivo. Nadie lo ha autenticado. Y esa es, exactamente, la parte que importa.
Por qué un vídeo así no se publica nunca
El razonamiento dominante es de interés, no de sarracena. Israel no tiene incentivo para humillar a uno de sus pocos socios en el mundo sarracin. Jovenlandia aporta apoyo diplomático barato, sirve de puente hacia Washington y, según se sostiene, mantiene con Tel Aviv una relación más provechosa que gravosa. Quemar ese activo por un escándalo sensual sería un mal negocio. La propia filtración alimenta la duda: se afirma que el archivo serviría para condicionar durante décadas, incluso a la siguiente generación. Un vídeo que ni se publica ni se desmiente cumple esa función mejor que uno difundido.
El interés que sí mueve el tablero
Hay una lectura más incómoda. Se repite que el arsenal jovenlandés pasa por el filtro israelí, hasta el punto de que el cuándo y el cómo se dispara se decidiría fuera de Rabat. No existe verificación pública de semejante dependencia, pero encaja con la lógica de un protectorado moderno: respaldo militar a cambio de alineamiento. De fondo queda la pregunta incómoda sobre para qué sirve la inteligencia española, que según este análisis tendría en Jovenlandia un objetivo barato y desatendido. También asoma el doble rasero de siempre: quien exige respeto a la vida privada reclama conocer los detalles ajenos en cuanto el retratado cae mal.
Si existiera, su valor está en el cajón. Si no, el relato ya ha hecho el trabajo. ¿A quién le interesa que se crea?