Jabaroot y el Pegasus de Sánchez: humo, cifras y escepticismo
Hay una regla no escrita en la política española: cualquier filtración sobre el presidente se anuncia con boato y se diluye con el mismo boato. La última entrega de este género la protagoniza Jabaroot, un colectivo de hackers que asegura haber extraído los datos del teléfono de Pedro Sánchez mediante el software espía Pegasus. El anuncio, difundido en Telegram y redes, ha generado runrún en menos de 24 horas, pero también un escepticismo casi unánime entre quienes han visto demasiados episodios similares.
Qué dice Jabaroot que tiene
La filtración atribuida a Jabaroot, según las informaciones publicadas, incluye tablas con nombres, apellidos, números de identificación marroquíes (CIN), grados y datos bancarios de supuestos agentes de los servicios de inteligencia y seguridad de Marruecos, principalmente la DGST y la DGSN. A ello se suma la afirmación de que el material procede del teléfono del presidente del Gobierno, intervenido con Pegasus. Se habla de 72 gigabytes de presunto contenido, de 70 espías marroquíes operando en España y de listas que salpican el organigrama de seguridad del país vecino.
Hasta aquí, la parte espectacular. El problema es que, a la hora de mostrar el contenido, las pruebas aparecen con cuentagotas. Y el escepticismo no es una postura ideológica, sino un reflejo condicionado por la experiencia.
La credibilidad, un bien escaso
Hay quien sostiene que jamás veremos esos datos, que la amenaza forma parte de una guerra híbrida y que el objetivo es medir la capacidad de reacción del Ejecutivo. La corriente dominante, sin embargo, va un paso más allá: aunque el material se publique, la probabilidad de que provoque una crisis política real se considera mínima. El argumento se apoya en la historia reciente, donde filtraciones con apariencia explosiva se han quedado en anécdotas. “No mueven a Moncloa”, dicen los más cínicos, y recuerdan que los dirigentes cuentan con una maquinaria de comunicación capaz de envolver cualquier revelación en un presunto bulo o en un montaje de actores externos.
En paralelo, existe una corriente menor que cree que el material, si sale, podría marcar un antes y un después. Pero esa postura resulta minoritaria incluso entre los críticos del Gobierno, que dan por hecho que la ciudadanía ya ha asumido demasiado ruido como para que un episodio más cambie las tornas.
El detalle técnico: ¿cuánto pesa un presidente?
Uno de los debates más curiosos tiene que ver con el tamaño de los datos. Se ha mencionado la cifra de 72 gigabytes como el volumen total del supuesto botín. Ahí arranca la discusión: ¿es mucho o es poco? Un teléfono con capacidad de 128 GB puede almacenar una copia de seguridad de WhatsApp de 6 GB o más, y si se eliminan fotos y vídeos en alta resolución, el espacio restante puede alojar una cantidad considerable de mensajería, correos y documentos. De hecho, una copia de seguridad de referencia ocupa unos 3,9 GB. Los escépticos replican que, con 2,5 GB de datos, difícilmente se puede sostener un escándalo de dimensiones bíblicas; los partidarios de la filtración insisten en que en un puñado de gigabytes cabe muchísima información sensible cuando se trata de texto plano.
El choque de cifras quizá sea lo único que se puede comprobar a corto plazo. El resto, de momento, sigue siendo una declaración de intenciones.
El coste de la espera y el ruido de fondo
La dimensión económica de este episodio rara vez se menciona, pero está ahí. Los servicios de inteligencia se financian con fondos públicos, y cada anuncio de este tipo alimenta el debate sobre el destino de esos recursos. Hay quien recuerda que los organismos afectados, tanto en España como en Marruecos, ven cómo su presupuesto se justifica con este tipo de amenazas. En paralelo, la crisis de credibilidad institucional tiene un precio difícil de cuantificar pero fácil de intuir: cada filtración anunciada y no acreditada erosiona la confianza en los sistemas de seguridad y en la información oficial.
Mientras tanto, Moncloa no se mueve. Ni siquiera el anuncio de 72 gigabytes de presunto material clasificado altera la agenda. La historia de Pegasus en España ha pasado de escándalo a rumor, y de rumor a ruido de fondo. El dato que descoloca: ninguno de los episodios anteriores logró que el presidente cambiara sus planes. Este, probablemente, tampoco.