Un tuit de ABC atribuye a la DGT peajes en autovías para 2024
¿Vas a tener que pagar por circular por una autovía? La respuesta que se ha difundido, atribuida a la DGT, apunta a que sí: en
2024 habría peajes en las autovías españolas. El anuncio llegó por una vía poco habitual —un tuit de ABC— y lo hizo en plena campaña electoral, a días de las generales del
23 de julio. En cuestión de horas el asunto dejó de ser una nota de prensa para convertirse en una pelea sobre la letra pequeña: quién cobra, cómo se cobra y, sobre todo, a quién le toca pagar.
¿Cómo se cobrarían los peajes sin cabinas ni barreras?
Con pórticos y cámaras, no con barreras. La explicación técnica que más circula apunta a los postes ya levantados junto a las autovías, equipados con lectores de matrícula: entras, quedas registrado y la factura llega a casa igual que llega hoy una multa de radar. No habría que parar ni rebuscar monedas en la guantera.
Hay una variante que gana enteros en la polémica: la
viñeta. Un distintivo pegado al parabrisas, como el de la ITV, que se compra por adelantado y se paga uses la vía o no. El modelo se compara con el suizo, y ahí aparece el primer problema de equidad que señalan varios comentarios: la viñeta es igual para todos, así que el coche viejo de quien tiene menos recursos pagaría lo mismo que el de quien hace kilómetros a mansalva. Y, como apunta otro de los intervinientes, bajo ese esquema el que no sale de su ciudad y el turista de paso cargarían con una parte del coste.
La conclusión más repetida es que esto no es física nuclear: si entras, pagas. Lo difícil no es la tecnología, sino decidir a quién se le perdona el recibo.
El impuesto de circulación y el doble pago
El argumento del doble pago aparece pronto. Una parte del hilo sostiene que el
impuesto de circulación se abona en el ayuntamiento y su destino son las calles del municipio, de modo que con peajes el conductor pagaría dos veces por circular por el mismo país. La réplica, en el mismo hilo, es que ese recibo local se abona igualmente y habilita para circular por todo el territorio nacional, con la conservación de las carreteras como finalidad declarada. De ahí la pregunta recurrente: si se implanta el cobro, ¿se suprime el recibo municipal?
Hay quien añade que llevamos más de
medio siglo dando por hecho un mantenimiento gratuito que alguien paga aunque no aparezca en ninguna factura. El principio que se repite es el de siempre: quien usa, paga.
La objeción no es menor: para varios de los que intervienen, sumar el peaje sin retirar ninguna otra figura equivale a una subida de impuestos por la puerta de atrás.
Lo que Bruselas pide y lo que se le atribuye
La pista europea no tarda en aparecer. El peaje se presenta como una imposición de Bruselas apoyada en un paquete de compromisos que se atribuye al Gobierno: peajes en autovías, subida de carburantes e impuesto a los billetes de avión. Así figura en las informaciones publicadas por
Vozpópuli.
No todo el mundo traga con ese marco. Otra lectura sostiene que lo que Europa reclama es la
sostenibilidad de las cuentas públicas, no un peaje concreto, y que la medida, si llega, es una decisión nacional disfrazada de obligación ajena. La diferencia importa: cuadrar el déficit no equivale a imponer un modelo de pago por uso.
Ese cruce de argumentos es el que decide el relato. Si la culpa es de Bruselas, el Gobierno aparece como gestor obligado; si es decisión propia, aparece como el que firma el recibo.
¿Bulo de campaña o confirmación a medias?
El calendario lo envenena todo. El anuncio cae a días del 23J, en plena pelea electoral, y eso da munición a quien lo lee como operación política. Varios comentarios dan por hecho que será arma arrojadiza hasta el último minuto: unos acusando de ocultar el plan, otros recordando que quien gobierne lo aplicará igual, sea cual sea el color.
En medio, la acusación cruzada de mentir. «Pues bulo, bulo parece ser que no es», se llegó a decir en televisión. Y el runrún de fondo: si la medida sobrevive al calendario electoral sea quien sea el que acabe sentado en el Consejo de Ministros.
La deuda que sostiene el argumento
Cuando se pregunta de dónde sale la necesidad de recaudar más, la respuesta más repetida no habla de autovías: habla de números rojos. Se citan
1.513B de deuda y
60.000M anuales solo en intereses. Con esa carga encima, el pago por uso deja de ser una rareza europea y pasa a ser una fuente de ingresos más.
La comparación que se lanza para calibrar el desaguisado es otra: el Estado invierte en cinco años en carreteras lo que la DGT recauda en
multas en uno, por encima de los 400 millones al año. Si esa es la caja disponible, el mantenimiento tiene difícil cuadrar sin tocar al contribuyente por alguna vía.
Lo cual no responde a la única pregunta que importa al conductor: cuánto, desde cuándo y con qué coche le va a doler.
Total, que en un siglo hemos pasado de pagar por un caballo y un carro a pagar por el asfalto que pisamos con las ruedas. Le llaman modernizar la financiación de la red. La red, mientras tanto, sigue con baches. Al menos el recibo llegará puntual.