La ley de nietos añade 215 votos del exterior en Tres Cantos
Tres Cantos se creó en 1991. Cuatro décadas antes, en 1955, el municipio sencillamente no existía: era un descampado al norte de Madrid. Y aun así, su Censo Electoral de Residentes Ausentes ha engordado en 215 inscritos desde que se aprobó la ley de nietos. El mismo patrón reaparece en El Ejido, Torremolinos o Salou, localidades de factura reciente que suman cientos de votantes con residencia en el exterior. La incomodidad es aritmética: ¿de qué pueblo salió un exiliado que huyó antes de que ese pueblo naciera?
El cálculo imposible: 3.000 asilos frente a 675.000 solicitudes
Los números que circulan no cuadran por ningún lado. Argentina concedió alrededor de 3.000 casos de asilo político a españoles. Las solicitudes de nacionalidad al calor de la norma se sitúan en unas 675.000. Para que el relato cerrase, cada descendiente directo de un exiliado oficial habría tenido que firmar quince hijos por generación. Solo hay que mirar la otra puerta: la emigración neta argentina entre 1946 y 1959 —el tramo realmente masivo, porque entre 1936 y 1945 España estaba en guerra— ronda las 200.000 personas, y buena parte de ese flujo fue hambre económica, no persecución política.
El detalle que descoloca a cualquiera es el de los abuelos que cruzaron la frontera en 1930, tres años antes de que el Frente Popular ganase unas elecciones. Apellido gallego o canario no equivale a partida del abuelo perseguido: equivale, muchas veces, a un bisabuelo que se marchó antes de que hubiera nada de lo que huir.
Cuba, el expediente que se estiró hasta los bisnietos
Donde el desajuste se vuelve sideral es en el caso cubano. Entre 1946 y 1959 no llegaron a 15.000 los españoles que emigraron a la isla. Las solicitudes presentadas se cuentan por cientos de miles. La explicación que se repite es que la embajada en La Habana llegó a tramitar documentación hasta el grado de bisnietos, una lectura extensiva que el texto original no contemplaba —nietos entre 1936 y 1955, después ampliado hasta 1975—. Cuba arrastra hoy una dinámica demográfica más parecida a la española que a la de un país en expansión, lo que complica aún más sostener esa progresión.
El problema de fondo no es quién tiene derecho a un pasaporte, sino con qué pruebas se concede. Una partida de nacimiento cotejada no es lo mismo que una declaración jurada que nadie comprueba.
El espejo sueco y el plazo que no usan Francia ni Italia
El argumento electoral busca aval fuera de casa. En Suecia, el bloque de izquierdas se impuso por unos 20.000 votos tras acumular 200.000 nacionalizaciones en cuatro años, cuando en la cita anterior había perdido por 46.000. La inferencia es directa y también discutible: correlación no es causalidad, aunque el orden de los factores da que pensar.
A lo que sí se agarran quienes conocen el detalle consular es a la forma. Francia, Italia y Polonia mantienen la ventanilla abierta de manera indefinida para sus descendientes: quien tenga derecho, que lo pida cuando le venga bien. Aquí se ha optado por un proceso con fecha de caducidad, el formato de rebajas que satura el consulado antes del cierre. Como curiosidad, la vía rápida tampoco es exclusiva: los nacionales de países con vínculo histórico pueden pedir la nacionalidad en dos años, y por matrimonio en uno si son hispanoamericanos. A los sefardíes se les reconoció la condición después de más de 500 años.
Hay quien sostiene que todo esto responde a un cálculo de censo y urnas, y quien responde que la derecha lleva décadas alimentando votos en el exterior sin escandalizarse. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez.
Queda el dato que nadie ha publicado: cuántos de esos expedientes se han resuelto con una partida cotejada y cuántos con un papel firmado por el interesado. ¿Alguien piensa auditar esa cifra antes del próximo recuento?