Mazón dimite y el PP deja en manos de Vox la Generalitat
La noticia llegó por tuit y se confirmó en directo. El PP ha pactado la salida de Carlos Mazón al frente de la Generalitat Valenciana y negociará con Vox un presidente provisional hasta agotar la legislatura. No habrá
elecciones anticipadas. El anuncio se produce después de un año de desgaste, con la declaración de la testigo clave de la DANA —Maribel Ventorro Vilaplana— pendiente en sede judicial. La secuencia, según el material que circula, es la siguiente: primero se fuerza la dimisión, después se busca un nombre que Vox acepte, y mientras tanto Mazón coge una baja médica. El PP evita las urnas porque las encuestas no le sonríen y Vox prefiere no arriesgarse a quedar por delante y tener que presidir.
Qué ha pasado y por qué se ha hecho así
El pacto se cierra a contrarreloj. La dimisión se anuncia el día antes de que declare la testigo citada en la investigación de la DANA, un detalle que no se le escapa a nadie. Durante meses, el relato oficial insistió en que Mazón aguantaría. Aguantó un año. Ahora se va sin sucesor designado, sin un plan B preparado y con la comunidad en una situación de interinidad que nadie explica con claridad. El PP tenía doce meses para organizar una transición ordenada. No lo hizo.
Hay quien sostiene que la salida responde a la presión judicial y mediática; en contra pesa el argumento de que el PP simplemente ha esperado a que el calendario le diera una ventana. El resultado es el mismo: un presidente en funciones, una baja médica de por medio y una negociación con Vox que convierte al partido de Abascal en árbitro de la situación. La paradoja es evidente: Vox se fue del Gobierno autonómico denunciando la incapacidad del PP y ahora decide quién lo preside.
El papel de Vox: de socio a salvavidas
La tesis que más se repite es que Vox no quiere elecciones. Si se convocaran, hay posibilidades de que Vox quedara por encima del PP en la Comunidad Valenciana, y eso obligaría a Abascal a presidir o a explicar por qué no lo hace. Ninguna de las dos cosas le interesa. Por eso su estrategia pasa por sostener al PP, investir a un candidato interino y dejar que el tiempo pase. Es la misma lógica que se le atribuye a nivel nacional: ser apoyo del PP, no alternativa.
El análisis más crítico señala que Vox ha renunciado a la implicación municipal —apenas una treintena de alcaldías en toda España— y que su vocación de gobierno real es escasa. Se compara con lo que le pasó a Podemos: sin poder territorial, el liderazgo absoluto se sostiene, pero el partido se convierte en comparsa. En la primera legislatura municipal y autonómica, más de la mitad de sus cargos electos acabaron fuera. En la segunda, el camino parece el mismo.
El relato de la DANA y la batalla por la culpa
La gestión de la DANA es el telón de fondo de todo. Un sector del análisis sostiene que Mazón cometió un error fatal al no pedir el estado de alarma al día siguiente, cuando ya se veía la magnitud de la catástrofe. Otro sector responde que la tragedia afectó a seis comunidades autónomas y que la responsabilidad última es del Gobierno central, que no envió al Ejército ni decretó la emergencia nacional. La discusión se ha convertido en un intercambio de acusaciones donde cada parte tiene su dato y su olvido.
El cálculo político es el siguiente: el PP compra el relato de que la culpa es suya y acepta posicionarse en contra de sí mismo. Es una gestión que algunos califican de estúpida, porque el PP tenía margen para cargar contra el Gobierno central por la gestión de la riada y ha acabado asumiendo el coste. Feijóo sale debilitado de la operación. Y Mazón, que ni siquiera ha sabido dimitir con elegancia, deja un vacío de poder que se prolongará meses.
La interinidad que viene: quién manda mientras tanto
La clave técnica que casi nadie explica: un presidente en funciones no puede convocar elecciones. Mientras Vox no acepte votar a un candidato, Mazón sigue formalmente en el cargo, aunque sea de baja. El cachondeo puede durar meses. El PP no tiene sucesor, Vox no tiene prisa y los valencianos tienen un gobierno zombi. La pregunta que sobrevuela es si esto es un pacto de salida o una forma de no irse nunca.
El nombre que suena como posible presidente interino es el de un perfil que Vox pueda digerir. Se ha llegado a mencionar a un torero como candidato, lo que da la medida del nivel de la negociación. Mientras tanto, la testigo clave de la DANA declara en sede judicial y el PP reza para que no haya sorpresas. Si las hay, el pacto se puede deshacer en cuestión de horas. Y entonces sí, elecciones. O no.