La UE ofrece aranceles cero a EEUU y prepara contramedidas
¿Qué ha pasado para que Bruselas pase de la retórica del pulso a ofrecer aranceles «cero por cero» a Washington? La Comisión Europea ha puesto sobre la mesa reducir a cero los gravámenes a los productos industriales, mientras mantiene preparada una batería de contramedidas por si la negociación descarrila. El anuncio llega después de que Estados Unidos impusiera un 20% de aranceles a todas las mercancías europeas, y ha sido recibido con división: unos lo leen como una rendición, otros como el único movimiento posible para evitar una escalada.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha sido explícita: la UE está dispuesta a negociar y ha ofrecido aranceles cero por cero para los bienes industriales. La letra pequeña importa. No se habla de agricultura, ni de servicios, ni de compras públicas. Solo de industria. Y ahí está el primer foco de fricción interna: hay quien sostiene que el sector que más se beneficiaría de un acuerdo de este tipo es la automoción alemana y francesa, mientras que el resto de economías europeas quedaría expuesta a la competencia estadounidense sin contrapartida aparente.
¿Por qué la UE ofrece cero por cero solo a los productos industriales?
Porque es el terreno donde Bruselas cree que puede cerrar un acuerdo sin desmantelar su modelo agrícola ni abrir la contratación pública. La oferta, sin embargo, no ha bastado. El asesor comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, ha declarado que un arancel del 0% no es suficiente y que lo que importa es el «non-tariff cheating», es decir, las barreras no arancelarias. Esa frase ha desatado una discusión sobre qué se considera trampa comercial: el IVA europeo, los subsidios industriales, la devaluación de moneda o las normas técnicas.
Hay quien sostiene que el IVA no es un arancel, sino un impuesto al consumo que se aplica por igual a productos nacionales e importados. Otros argumentan lo contrario: que el IVA europeo grava todo el proceso de producción, mientras que el sales tax estadounidense solo se aplica al consumidor final, lo que genera una desventaja competitiva para las empresas americanas. La discusión técnica se ha convertido en el verdadero campo de batalla.
El IVA como arma arancelaria: el debate que nadie quiere abrir
La comparación entre el IVA europeo y el sales tax estadounidense es el punto más caliente. Un análisis recurrente señala que el IVA se aplica sobre el precio más el arancel, que a su vez se aplica sobre el precio del bien más el transporte y las tasas, de modo que un producto con un 35% de arancel puede terminar costando prácticamente el doble. El sales tax, en cambio, se aplica solo al consumidor final y es más simple para las empresas.
La pregunta que sobrevuela el debate es si Bruselas podría eliminar el IVA a los productos estadounidenses sin desmantelar el sistema fiscal europeo. La respuesta técnica es que no: el IVA es un impuesto armonizado a nivel comunitario y su eliminación selectiva por origen del producto sería incompatible con las normas de libre competencia. Cualquier compensación tendría que buscarse por otras vías, como relajar barreras regulatorias o abrir sectores hasta ahora protegidos.
Musk, Navarro y la coreografía de la negociación
El dueño de X y mano derecha de Trump, Elon Musk, ha mostrado su deseo de que Estados Unidos y Europa alcancen una relación de «aranceles cero». Lo dijo durante una intervención en el Congreso de la Liga, invitado por Matteo Salvini. Su posición contrasta con la de Navarro, que considera insuficiente cualquier oferta que no aborde las barreras no arancelarias. Dos mensajes distintos desde el mismo entorno presidencial.
Esa discrepancia ha alimentado la tesis de que Washington no tiene una posición única, sino varias facciones compitiendo por marcar el ritmo. Trump, por su parte, ha respondido con un «no, no es suficiente» a la pregunta de si la oferta europea de cero por cero es aceptable. La negociación sigue abierta.
¿Quién gana y quién pierde con los aranceles cero?
El beneficio se concentra en la industria exportadora, especialmente la alemana y la francesa. El coste lo asumen los sectores que competirían directamente con productos estadounidenses en el mercado europeo. Hay quien señala que la UE es un bloque con superávit comercial frente a Estados Unidos, lo que limita su margen de negociación. Otros apuntan que el desequilibrio comercial es precisamente lo que Trump quiere corregir con los aranceles, y que sin ellos no hay incentivo para que Washington se siente a negociar.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha afirmado que 70 países han contactado con la Casa Blanca para negociar nuevos acuerdos comerciales. La cifra, si es cierta, dibuja un escenario en el que Washington tiene múltiples frentes abiertos y puede permitirse el lujo de no ceder con Bruselas.
La película sigue en marcha. La UE ha ofrecido lo que tiene, Estados Unidos dice que no basta, y los aranceles siguen ahí. Si alguien esperaba un final rápido, que se siente.