La 'más inteligente de España' que eligió letras: ¿genio o desperdicio?
Un 10% de la población española tiene altas capacidades, según datos de El Mundo. La noticia de una joven con CI 128 y un 9,7 en Periodismo y Humanidades en la Universidad Carlos III, presentada como la más inteligente de España, ha reabierto el debate sobre el aprovechamiento del talento. Con una nota sobresaliente en la pública y con nivel de exigencia que algunos tachan de 'pinta y colorea', la elección de letras se interpreta como un lujo que el país no debería permitirse.
¿Mide la inteligencia la capacidad de generar riqueza?
La ironía del asunto es que, mientras se alaba su brillantez, el sistema público la empuja hacia oposiciones y un empleo estatal, en lugar de hacia la producción de valor. Un sector del análisis sostiene que cualquier ingeniero de la vieja escuela, con un 7 en Teleco antes de 2004, estaría órdenes de magnitud por encima en capacidades reales. La pregunta incómoda es si las humanidades, tal como se imparten hoy, son un refugio para talentos que podrían estar diseñando puentes o algoritmos.
El espejismo de las altas capacidades
La etiqueta de 'más inteligente' se desvanece cuando se contrasta con el CI de 128, un valor que muchos foros (y datos) sitúan lejos de la excelencia extrema. Casos anteriores, como el de Pizpi Blanco o Yisus G. Maestro, prometían revolucionar las letras y acabaron en la irrelevancia: uno como caricatura del quiero y no puedo, otro dando clase a aulas vacías. El patrón sugiere que el talento, sin la dirección adecuada, se diluye.
Becas y renta: el filtro silencioso
Otro frente abierto es el de las becas. Mientras los brillantes apenas reciben cuatro duros, las ayudas se triplican para quienes acreditan renta baja. La sospecha de que el sistema premia la pobreza declarada antes que la capacidad intelectual alimenta el escepticismo. ¿Cuántos genios potenciales se pierden por falta de incentivos?
Lo que ningún análisis termina de explicar es por qué, con el talento tan concentrado, la excelencia en letras no se traduce en logros tangibles. O quizá el verdadero problema no sea la elección de carrera, sino la calidad de la formación que reciben incluso los más brillantes.
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