El estudio que vincula mujeriegos con homosexualidad: ¿ciencia o propaganda?
Un estudio no verificado de la Universidad de Hawái sostiene que los hombres con un historial extenso de relaciones femeninas tienden a derivar hacia la homosexualidad. La investigación, que habría seguido a más de 1.500 varones durante una década, sugiere que la búsqueda constante de novedad y la insatisfacción emocional explican el cambio. Pero el escepticismo domina el análisis: el supuesto autor, el doctor Anthony Kalani, no figura en ningún registro académico verificable, y la publicación coincidiendo con el mes del orgullo aviva las sospechas de que se trata de ingeniería social.
La desaparición del doctor Kalani
Las pesquisas en bases de datos médicas y universitarias no encuentran rastro de un Anthony Kalani vinculado a la Universidad de Hawái. Algunos críticos sostienen que el apellido, de origen indio o persa, podría ser una invención. La falta de referencias cruzadas debilita la credibilidad del informe, que muchos califican de bulo o de propaganda deliberada para desacreditar la masculinidad tradicional. La coincidencia temporal con el mes del orgullo LGTB no ayuda a disipar las dudas: para ciertos sectores, se trata de un intento más de patologizar la heterosexualidad o de presentar la homosexualidad como un destino inevitable para los «donjuanes».
El argumento de la adicción al sexo
Otros analistas, sin embargo, encuentran lógica en la tesis central: la conducta sexual compulsiva opera como cualquier adicción, y la tolerancia creciente lleva a buscar estímulos más intensos o distintos. Se ha comparado con la escalada en deportes de riesgo o la evolución del consumo de pornografía. Desde esta óptica, la promiscuidad extrema no sería tanto un síntoma de virilidad como de una insatisfacción de fondo que puede desembocar en la exploración homosexual. Pero los defensores de esta idea reconocen que no disponen de datos empíricos sólidos y que el estudio concreto es más que dudoso.
Un doble rasero de género
Un punto que emerge con fuerza es la asimetría de tratamiento: mientras que un hombre con muchas parejas sexuales es estigmatizado o patologizado, una mujer con un historial similar es celebrada socialmente. La crítica al estudio no es solo metodológica, sino ideológica: se le acusa de aplicar una vara de medir distinta para cada sexo y de perpetuar la idea de que la homosexualidad es una consecuencia de la lujuria masculina, en lugar de una orientación innata. Esta falta de simetría reduce aún más la credibilidad del informe entre quienes desconfían de las narrativas identitarias.
Con estos mimbres, la polémica queda servida: un estudio que no se puede verificar, un autor fantasma y una hipótesis que, aunque plausible para algunos, carece de fundamento demostrable. Mientras no aparezcan los datos crudos o una publicación revisada por pares, la opción más sensata es tratar la afirmación con la misma cautela que un rumor de pasillo.