Un exoficial israelí apunta al chantaje de Marruecos sobre Sánchez
Hay una paradoja que ningún análisis oficial ha explicado del todo. Si Pedro Sánchez está sometido al chantaje de Marruecos por el espionaje Pegasus —como insinúa un exoficial israelí—, ¿cómo se entiende que el PSOE votara en contra de que el Parlamento Europeo calificara de terrorista al Cartel de los Soles, una organización vinculada a las mafias que operan en el norte de África? La respuesta, según varias informaciones publicadas, es que la presión marroquí no es una línea, sino un entramado.
La sombra de Pegasus sobre La Moncloa
El punto de partida es la declaración de un antiguo oficial de inteligencia israelí recogida por Vozpópuli. El exmilitar sugiere que Sánchez no gobierna con libertad, sino bajo un chantaje activado a partir del caso Pegasus. No es una teoría menor: se apunta a que el jefe de la inteligencia marroquí, Abdellatif Hammouchi, habría sido el artífice del espionaje al entorno de La Moncloa. Agentes vinculados a los servicios de información confirmaban, en ese contexto, un clima de tensión.
Los datos se acumulan. El Gobierno conocía la existencia del narcotúnel que conecta España con Marruecos desde al menos un año antes de actuar. El desmantelamiento del OCON-Sur, la unidad contra el narcotráfico en Andalucía, se ordenó días después de una reunión con las autoridades marroquíes. Y en plena investigación por el espionaje, la cúpula de la Policía Nacional se reunió en Madrid con Hammouchi. El CNI manejaba informes con una palabra repetida: «chantaje».
Dos lecturas del mismo tablero
Hay quien sostiene que Marruecos ejerce una presión real sobre el Ejecutivo español mediante el control migratorio, el espionaje y los datos comprometedores. Otros análisis recuerdan que el chantaje no ha sido confirmado judicialmente y que la tesis puede servir de coartada para desviar la atención de otros problemas. El giro de Netanyahu sobre el Sáhara añade una pieza más: si Israel colabora con Marruecos, la red de influencias se hace global.
El detalle más grotesco lo aportó el propio director de la Policía en 2020: Marruecos enviaba inmigrantes «bien vestidos, con móviles y el viaje en patera pagado». Un retrato incómodo de la política migratoria como herramienta de negociación.
La pregunta que queda abierta
Con los recortes de Marlaska en los antidisturbios de Ceuta y Melilla sobre la mesa —teóricamente por falta de recursos—, el chantaje deja de ser una especulación para convertirse en una hipótesis de trabajo. La pregunta es si se trata de una sujeción activa o de una servidumbre consentida. El silencio de La Moncloa, por ahora, dice más que cualquier desmentido.