Informe forense desmonta el mito de los 300.000 bebés robados: 90% de compatibilidad genética en exhumaciones
La exhumación de 120 cadáveres de recién nacidos que sus padres creían sustraídos arrojó un 90% de compatibilidad genética con las familias que los reclamaban. El dato, procedente de un informe forense oficial, desinfla la narrativa del robo sistemático de bebés durante el franquismo que ha alimentado decenas de documentales, libros y causas judiciales. No es el primer mazazo a esa tesis: el caso más mediático, el de Inés Madrigal, que durante años personificó la lucha de las "bebés robadas", cayó en 2019 cuando las pruebas de ADN demostraron que su madre biológica la había dado en adopción.
La evidencia que no encaja con el relato oficial
El informe forense, cuyos resultados se han conocido recientemente, analizó restos de bebés enterrados en fosas comunes y supuestamente sustraídos. La compatibilidad genética del 90% indica que la inmensa mayoría de esos niños eran realmente hijos biológicos de las madres que los reclamaban. Esto contradice la tesis de una red organizada que robaba bebés para darlos en adopción de forma masiva. Los defensores de la teoría de la conspiración solían cifrar los casos en hasta 300.000 bebés robados, pero las cifras reales, a la luz de estos análisis, se reducen drásticamente. Un sector del análisis sostiene que los casos documentados de sustracción son aislados y no prueban una trama institucional; otros, sin embargo, señalan que la mera existencia de unos pocos casos no invalida el sufrimiento de las familias afectadas.
Testimonios históricos frente a datos forenses
En contraposición a los datos objetivos, perviven testimonios que alimentan la sospecha. Hay quien recuerda que su madre parió en casa por miedo a que le robaran el hijo. Otros relatan casos cercanos donde se abrió un ataúd y no había nada, o familias destruidas por la sospecha del robo. Estas historias, reales o no, han calado hondo en la memoria colectiva. Sin embargo, la evidencia forense sugiere que, en la mayoría de los casos, los bebés no fueron robados sino que murieron o fueron dados en adopción de forma consentida, aunque con prácticas opacas que hoy nos parecerían inaceptables. La duda que queda es si esas irregularidades puntuales constituyen un delito o simplemente reflejan las costumbres de una época con menos garantías.
El ruido político y el silencio de los medios
La carga política del tema es inevitable. Para unos, el "robo de bebés" es un bulo de la izquierda para demonizar el franquismo; para otros, una muestra más de la represión sistemática. La realidad, a la luz de los informes forenses, parece más compleja y menos épica. Lo cierto es que los grandes medios han evitado profundizar en estos datos, quizás porque desmontan una narrativa cómoda. Mientras tanto, el debate se polariza entre quienes ven una conspiración y quienes niegan cualquier caso. El informe forense, al menos, aporta un ancla fáctica a la discusión.
La pregunta que queda en el aire: ¿cuántos de los casos judicializados resistirán un escrutinio genético? Los datos apuntan a que la mayoría no. Pero el daño social, las vidas marcadas por la sospecha, ya está hecho.
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