Un curso de libros de texto: 600 euros y sin derecho a reventa
¿Cuánto cuesta de verdad mandar a un hijo al colegio? La respuesta corta, la que cierra cada primavera la lista de materiales: un libro de texto ronda los 50 euros —y hay quien apunta que este año se han visto a 54— y la suma de todas las materias de un curso se mueve, según los recuentos que circulan entre las familias, entre 400 y 600 euros. Por una pila de papel que se usa un curso y que a menudo no puede heredar el hermano pequeño.
El gasto no es el único problema. El problema es que está diseñado para no repetirse.
¿Cuánto cuesta la vuelta al cole en libros de texto?
La horquilla que manejan las familias no baja de 400 y rara vez supera los 600 euros por curso completo, según los recuentos que circulan entre quienes ya han pasado por caja varias veces. Hay quien añade la coletilla de que este año el precio unitario se ha ido a 54 euros y quien recuerda que el material en algunas asignaturas no baja de los 300 euros por sí solo.
A eso se suma el material complementario: cuadernillos, licencias digitales y manuales de idiomas, que suelen ser los más caros de la lista. Y la comparación internacional no ayuda: en Estados Unidos el mercado es tan caro que el alquiler de manuales se ha convertido en un sector propio. Alquilaba Amazon hasta 2023; hoy lo hacen otras plataformas del estilo.
El libro de un solo uso: pegatinas, troqueles y boli rojo
El caso que se cuenta con más detalle es el de dos hermanos con tres años de diferencia. Cotejando listados, 8 de los 12 libros compartían código y edición. Ninguno sirvió. Los ejercicios estaban resueltos a lápiz y corregidos a bolígrafo por el profesor —el docente es una pieza imprescindible de la cadena— y el resto venía con troqueles y pegatinas pensadas para despegarse una sola vez.
Las editoriales no improvisan. Un manual que se hereda es un manual que no se vende. De ahí que muchas ediciones nuevas apenas cambien una línea, un adjetivo o un dato demográfico y justifiquen con eso un salto de edición y de precio. La sospecha del cambio cosmético es tan antigua como el propio negocio.
De la ley de 1970 al imperio editorial: cómo se creó el mercado cautivo
Conviene recordar el origen. Una reforma de 1970 liberalizó los manuales escolares y abrió la puerta a que la elección del libro dejara de ser una decisión pública. En ese contexto crecieron grupos como Santillana —creado por un empresario y convertido con los años en un imperio económico— o catálogos como Anaya.
El resultado es un mercado que no se comporta como tal: quien compra no elige. El profesor cierra la lista, la familia paga. Hay quien sostiene que con competencia real los libros costarían una fracción de lo que cuestan; en contra pesa el argumento de que el catálogo es único por asignatura y centro, y ahí no hay competencia que valga.
Los profesores que pasan del libro: 50 euros frente a 5 en fotocopias
No todos los claustros defienden el manual. Hay docentes que llevan años colgando sus propios apuntes en el aula virtual y calculan la diferencia: una asignatura anual resuelta con fotocopias cuesta unos 5 euros frente a los 50 del libro original. Otros institutos mantienen bancos de préstamo con ejemplares de cursos anteriores para que ninguno de estos desembolsos recaiga sobre las familias.
El freno no siempre viene de arriba del todo. El principal escollo aparece dentro del propio departamento, cuando la jefatura cree que el alumno necesita el libro para guiarse y repasar. La discusión, según este docente, se repite cada curso.
¿Los libros de texto son gratis en alguna comunidad autónoma?
Hay quien sostiene que sí, al menos en parte: varias comunidades autónomas financiarían total o parcialmente los manuales mediante préstamo o cheque-libro, y en algunos territorios esa cobertura habría llegado de la mano de un gobierno distinto al que la mantiene hoy. El mapa sería desigual y dependería más del ciclo político de cada región que de un criterio común.
Fuera del paraguas público, las salidas son la segunda mano, el intercambio entre familias y la copia digital. Ninguna resuelve el fondo del asunto: que el libro caduca por diseño.
y ahí está la ironía. Un sector que presume de adaptarse al alumno ha construido un modelo donde el alumno, cada año, vuelve a empezar de cero y a pagar. Lo llaman renovación pedagógica.