Iker Jiménez: el bulo como negocio mediático
El presentador de Cuarto Milenio y Horizonte ha construido un imperio sobre el misterio y la conspiración. Con más de 20 años en antena, su audiencia se mantiene fiel pero polarizada, mientras las críticas por difundir desinformación durante la pandemia no cesan. ¿Es un periodista independiente o un mercader del bulo?
De las caras de Bélmez a la plandemia
Iker Jiménez inició Cuarto Milenio en 2004, un programa de misterio que logró prime time con audiencias millonarias. Tras años de éxito, el formato se desgastó. En 2020, con la pandemia, perdió su espacio en televisión y se refugió en internet, donde dio voz a teorías alternativas sobre el COVID-19. Su audiencia creció exponencialmente. Poco después, sorpresivamente, volvió a la parrilla con Horizonte, un programa diario de actualidad que abandonó su discurso crítico previo y se alineó con la versión oficial. Este giro generó acusaciones de venderse al sistema, mientras sus defensores aseguran que simplemente rectificó.
¿Cuánto gana un cazador de ovnis?
La controversia ha trascendido al terreno económico. En el debate se menciona que un colaborador de su programa sacó 10.000 euros en efectivo en plató, sin que Hacienda interviniera, alimentando sospechas sobre la financiación del programa. Además, sus cifras de audiencia son un punto de fricción: mientras unos aseguran que no alcanza el millón de espectadores, otros recuerdan que en su franja es líder. Lo cierto es que Iker ha sabido monetizar la desconfianza de una parte del público hacia los medios tradicionales.
El negocio del miedo y la conspiración
La figura de Iker Jiménez se ha convertido en un fenómeno sociológico. Su éxito se basa en alimentar una demanda de relatos alternativos, desde ovnis hasta la pandemia. Los críticos lo tildan de engañabobos; sus seguidores, de resistente. La pregunta que queda abierta es si su modelo de negocio sobrevivirá a medida que la desinformación genera un mayor escrutinio social.
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