58,89 años de salario neto para comprar 60 m² en Madrid: el dato que desnuda la desconexión entre renta del trabajo y vivienda
Un trabajador madrileño necesitaría 58,89 años de su salario neto íntegro para comprar una vivienda de 60 metros cuadrados. Traducido: si empieza a trabajar a los 22 años, sin gastar un euro, sin comer, sin alquiler, sin hijos, sin ocio, podría firmar la hipoteca a los 81. El dato, publicado en octubre de 2025 por El Economista, ha reabierto el debate sobre la viabilidad del acceso a la vivienda en la capital.
La cuenta de la vieja: salario neto versus precio medio
El cálculo parte del precio medio de una vivienda de 60 m² en Madrid, que ronda los 364.000 euros según distintas fuentes del sector. Frente a eso, el salario neto mediano de un trabajador madrileño se sitúa en torno a los 18.000-22.000 euros anuales (salario moda). Aunque se destine el 100% del sueldo a la compra, sin impuestos, sin gastos de vida, la operación requiere casi seis décadas. Ni siquiera el umbral recomendado de esfuerzo (30% de los ingresos) es aplicable; aquí se supera cualquier ratio sensato.
La brecha entre el salario real y el precio del suelo
Varios análisis apuntan a una fractura estructural: el precio del suelo en las zonas de empleo ha crecido muy por encima de los salarios. Mientras que un funcionario de nivel medio o un técnico cualificado pueden acceder con dificultad, el trabajador medio queda fuera. La solución habitual —dos ingresos por hogar— alivia pero no resuelve: una pareja que gane 50.000 euros brutos anuales necesitaría entre 4 y 6 años de ahorro íntegro para un piso en el extrarradio, pero en Madrid capital la cifra se dispara.
¿Siempre fue así? El debate sobre el pasado y el presente
Hay quien sostiene que nunca fue fácil comprar vivienda en solitario con salarios bajos. Señalan que en los años 90 los tipos de interés llegaban al 16%, aunque los precios eran muy inferiores. Otros recuerdan que, antes del 2000, un peón de obra podía pagar un piso en 7 años. La diferencia ahora no está solo en los precios, sino en que la renta del trabajo ha perdido poder adquisitivo frente al activo inmobiliario. Se cita el ejemplo de la renta antigua como un mecanismo que protegía al inquilino, pero hoy el mercado libre expulsa al trabajador.
La conclusión que emerge del cruce de datos es incómoda: Madrid se está convirtiendo en una ciudad para herederos, rentistas y capitales previos. El trabajador que no tenga ayuda familiar o un salario muy por encima de la media tiene la propiedad como una quimera. Mientras, el discurso oficial insiste en el esfuerzo individual. Quizá el problema no sea de voluntad, sino de precios.
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