Seguridad privada: las dudas sobre productividad tras los últimos incidentes
¿Está la contratación de personal de seguridad basada en criterios de eficiencia o en cuotas? Los recientes altercados en centros comerciales reabren el debate sobre la formación y selección de vigilantes. Mientras algunos señalan que se premia más la apariencia que la capacidad, otros defienden que las políticas de diversidad están generando equipos menos competentes.
El coste de una mala selección
Cada incidente que requiere la intervención de un supervisor o de la policía supone un coste directo e indirecto para la empresa de seguridad: horas extra, indemnizaciones, pérdida de clientes. En un sector donde los márgenes son ajustados —los salarios de los vigilantes rondan el salario mínimo— cualquier fallo en la selección se paga caro. Los sindicatos llevan años advirtiendo de que la presión por cubrir plazas con bajos sueldos atrae a candidatos sin la preparación adecuada.
La discusión se ha intensificado con los planes de aumentar las cuotas de diversidad en cuerpos policiales y de seguridad. Según datos del INE, el porcentaje de mujeres y minorías en seguridad privada ha crecido, pero no así los indicadores de satisfacción del cliente ni de reducción de incidentes. Algunos analistas sugieren que la formación no ha acompañado a la contratación.
El debate sobre la productividad
Hay quien sostiene que el problema no es la diversidad, sino la falta de inversión en formación continua. Las empresas recortan en simulacros y cursos para mantener precios competitivos. El resultado: vigilantes que no saben reaccionar ante situaciones de tensión. En el otro lado, corrientes más críticas argumentan que se están priorizando criterios ideológicos sobre los profesionales, y que eso se traduce en equipos menos efectivos.
La paradoja de los salarios
Lo llamativo es que, pese a las quejas sobre la preparación, los salarios siguen siendo los mismos. No hay prima por especialización ni por idiomas. Esto, según los expertos en recursos humanos, desincentiva la profesionalización y atrae a perfiles poco motivados. Mientras el coste de vida sube, el sector de seguridad privada mantiene retribuciones estancadas, lo que dificulta retener a los mejores.
Entre los datos que circulan, hay un cálculo recurrente: con el sueldo de tres vigilantes mal formados se podría pagar a dos excelentes. Pero las empresas siguen optando por cantidad antes que calidad. La pregunta que queda en el aire es si el mercado corregirá esta dinámica o si hará falta una regulación más estricta en los estándares de contratación.