Univé frena en seco a los eléctricos chinos: 14 marcas afectadas
La aseguradora holandesa Univé ha dejado de aceptar nuevas pólizas para una larga lista de coches de origen chino. El motivo oficial: los repuestos son carísimos y pueden tardar meses en llegar, lo que dispara el coste de cualquier siniestro. La decisión no es un simple ajuste de tarifas: es un aviso a toda una industria que ha invadido Europa con precios imbatibles pero con una posventa que no está a la altura.
La lista que desmonta el titular
La lista, eso sí, es más larga y matizada de lo que parecía. No son seis marcas, como se dijo al principio: son catorce, divididas en dos grupos. Nueve no reciben ningún tipo de cobertura de Univé: Hongqi, Changan, Voyah, KGM, Leapmotor, VinFast, MHero, Jaecoo y Omoda. Otras cinco -Dongfeng, Lucid, Firefly, NIO y Zeekr- solo pueden contratar el seguro obligatorio a terceros, no la cobertura a todo riesgo. Nadie que ya tenga póliza se queda sin ella: la restricción afecta solo a las nuevas contrataciones. El matiz importa, porque cambia el relato: no es una huida en bloque, es una criba de riesgo.
El precio de la reparación: el caso Hongqi HS9
El debate de fondo esconde una cifra que da que pensar. En Noruega, los primeros clientes del Hongqi HS9, un SUV de cinco metros, se han encontrado con facturas de reparación dignas de una marca premium. Según la prensa noruega, una parrilla delantera cuesta 2.402 euros, un portón trasero 3.432, un parachoques trasero 2.831 y una puerta lateral 3.861. Para un coche que se vende como «asequible», el coste de una reparación menor puede superar con creces el valor venal del vehículo. Y ahí está la clave del seguro: si arreglar cuesta más que declarar el siniestro total, la prima no cuadra.
No es un problema solo chino
Hay quien sostiene que el problema no es exclusivo de los chinos. Y no le falta razón: un faro delantero de un Dacia sale por unos 800 euros y una puerta trasera desnuda de un Peugeot 3008 actual supera los 2.000. Las centralitas de las marcas europeas también se convierten en un dolor de cabeza y las esperas de meses son habituales. La diferencia, apuntan los análisis, es la proporción: en un coche barato chino, el coste de un golpe tonto dispara la ratio entre reparación y valor del vehículo de forma mucho más rápida.
El sobrecoste que nadie ve venir: las grúas
A esto se suma un detalle que nadie había contado: el sobrecoste de las grúas. Los eléctricos modernos, con el freno de estacionamiento electrónico y las puertas bloqueadas, no se pueden arrastrar como los de toda la vida. Hay que descargarlos, desbloquearlos electrónicamente y, en algunos casos, se necesita más de un vehículo de auxilio. Los profesionales del sector ya han puesto precio a esa maniobra: un servicio que en un coche convencional cuenta como uno, en estos modelos cuenta como cuatro. Y eso se factura.
La conclusión no es que los eléctricos chinos sean malos coches, sino que su modelo de negocio tiene un agujero en la posventa. Las aseguradoras europeas han empezado a cobrar ese agujero por adelantado. La pregunta es si los fabricantes chinos reaccionarán a tiempo -con redes de repuestos y talleres serios- o si el mercado hará el trabajo por ellos. A este ritmo, la criba de Univé puede ser solo la primera de muchas. Pero en esto, como en todo, la letra pequeña decidirá quién se queda fuera.