Salta al ruedo, hiere a su rescatador y encima lo denuncia
El pasado 6 de agosto, una activista antitaurina interrumpió una corrida en el Coliseo Balear de Palma. Llevaba mensajes contra la fiesta nacional escritos en el cuerpo y, en pleno festejo, saltó al ruedo cuando el toro aún estaba en la arena. Su acción, calculada junto a otra activista, puso en peligro al público, a los empleados y a ella misma.
El conserje de la plaza y exnovillero Gabriel Pericás no lo dudó: entró a sacarla de la zona de riesgo. En el forcejeo, la propia activista le hirió. Pericás la rescató, pero ahora se enfrenta a una denuncia por un delito de lesiones presentada por la misma mujer a la que sacó del peligro.
Una denuncia que cuestiona los límites del auxilio
El caso plantea un escenario incómodo: quien crea el riesgo y luego es rescatado puede acabar reclamando indemnización al rescatador. Hay quien sostiene que la activista debería asumir los costes del operativo y que su denuncia es un abuso del sistema. Otros apuntan que, aunque su conducta fuera imprudente, tiene derecho a reclamar si considera que las lesiones fueron desproporcionadas.
Lo que resulta difícilmente discutible es que la intervención de Pericás fue necesaria: con un toro suelto en el ruedo, la vida de la activista corría peligro real. El detalle que descoloca: el rescatador, exnovillero, sabía perfectamente a qué se enfrentaba. Y aun así, acudió.