El euro no suprime la devaluación: la convierte en paro y salarios
Quince años después de la gran recesión, la eurozona vuelve a mirar el mecanismo que no quiso ver: una unión monetaria no elimina el tipo de cambio, lo convierte en otra cosa. Lo que antes resolvía el mercado de divisas de golpe se descarga ahora sobre el empleo, los salarios y la prima de riesgo. La devaluación interna no es una metáfora: es el ajuste real de una economía sin moneda propia.
España, el laboratorio del ajuste sin divisa
El caso español lo demuestra con una crudeza que los manuales maquillan. Entre 2010 y 2012, quien conservó el empleo vio caer su nómina nominal en torno al 4%; descontada la inflación, la pérdida real se acercó al 12%. El ajuste se descargó en cantidades antes que en precios: primero el paro, después los salarios. La confianza se restauró elevando la cobertura de depósitos de 20.000 a 100.000 euros mientras, solo en marzo de 2012, más de 60.000 millones salían de los bancos españoles.
Bagehot, el BCE y el peaje que nadie pagó
El debate sobre la red de seguridad queda atrapado en Bagehot. El prestamista de última instancia exige penalización y colateral de calidad, pero el OMT del BCE no se ha activado jamás: su peaje es la condicionalidad del MEDE, un precio que ningún gobierno quiere pagar en casa. Quienes sostienen que el euro era un error de nacimiento recuerdan que no es una zona monetaria óptima: sin movilidad laboral ni transferencias fiscales, la política única no encaja con ciclos asimétricos.
El análisis se atasca en la misma pregunta: si la unión solo traslada el ajuste a la política, ¿cuánto paro aguanta el proyecto antes de que el coste político lo rompa?