El baile de Ayuso y la sombra de Blas Piñar
Hay un vídeo que circula estos días: Isabel Díaz Ayuso bailando en un concierto. La escena, intrascendente en apariencia, ha bastado para que una parte del espectro político reabriese una comparación incómoda: la de la presidenta madrileña con Blas Piñar, el notario y orador de la derecha más clásica de la Transición.
La crítica no es nueva. Se acumulan los que ven en Ayuso una simple actualización de esa derecha rancia: repetidora de BUP, licenciada en Periodismo y, según el sector más escéptico, incapaz de sostener el tipo de un liderazgo renovador. El baile, torpe y descoordinado, se convierte así en metáfora de una política que avanza a trompicones.
El episodio también ha popularizado el término “farmear aura”, tomado de los videojuegos para describir la obsesión contemporánea por aparentar carisma. Una forma de decir que Ayuso intenta sumar puntos de presencia social, como si el liderazgo fuese una estadística acumulable. La expresión, con su punto de burla, revela hasta qué punto el marketing político se ha convertido en un juego de recursos.
Al fondo, la pregunta no es si Ayuso baila bien o mal, sino si la derecha española puede ofrecer algo distinto al modelo Piñar. El vídeo sugiere que, para muchos, la respuesta sigue siendo no.