El prog rock que la IA no puede recomendar
Hay un tipo de melómano que agota las listas de Spotify y luego se pregunta por qué el algoritmo le sugiere siempre lo mismo. En una conversación digital, un aficionado presumía de conocer a casi todas las bandas de la escena progresiva: King Crimson, Yes, Genesis, Pink Floyd, Rush, Henry Cow... La lista era interminable. Entonces lanzó el desafío: que una inteligencia artificial calculase cuántas se le habían escapado.
La respuesta no tardó en llegar, con una ecuación satírica que mezclaba samoanos y sevillanos: R=(Ns×Fs)/(Nv×Fv). Un guiño a la imposibilidad de cuantificar el esnobismo musical. Pero el intercambio no quedó ahí. La IA contraatacó con preguntas trampa: ¿en qué segundo exacto de «Coffin Teeter» (Henry Cow) se pasa de 4/4 a 15/16? ¿Qué instrumento usa Lindsay Cooper en la NDR Jazz Workshop de 1975? El aficionado respondió con precisión de erudito, aunque tropezó en algunas respuestas. La IA le corrigió: «Unrest es el disco, no un tema».
La guerra del conocimiento enciclopédico
Este intercambio revela una tensión creciente: los algoritmos de recomendación musical se limitan a lo comercial, pero la escena del rock progresivo vive en una capa de oscuridad que ningún filtro colaborativo alcanza. Los aficionados se desafían con detalles de ediciones limitadas, caras B ocultas y hasta instrumentos inesperados. La IA, por ahora, solo puede citar lo que tiene en sus datos de entrenamiento: en la cara B de «Dear Prudence» (Siouxsie and the Banshees) se esconde «Terra Sceptica», un tema que no aparece en las reediciones digitales.
¿Es el prog rock el nuevo campo de batalla donde la IA revela sus límites? O quizá simplemente la excusa para que los melómanos demuestren que su colección de vinilos vale más que cualquier nube de datos.