Tres euros por un litro de agua: la cuenta que retrata la nueva hostelería
¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por un litro de agua embotellada mientras comes fuera? La respuesta, para muchos, es claramente menos de 3 euros. Pero un ticket compartido esta semana ha vuelto a poner el dedo en la llaga: dos platos, una botella de agua de la marca Fuente Liviana, dos aperitivos de cortesía y una cuenta que roza los 30 euros. La botella se ha convertido en el símbolo de una guerra silenciosa entre el cliente y la restauración.
¿Precio justo o abuso? Los números que separan a clientes y hosteleros
La polémica no es nueva, pero el precio de 3 euros por un litro de agua ha vuelto a dividir. Hay quien sostiene que es un abuso, recordando que una botella de 33 centilitros ya se cobra a 2,50 euros en bares de toda la vida. En el lado contrario están los que apuntan a que, en los sitios de moda de Madrid, un tercio de cerveza alcanza los 8 euros en plena tarde; si nadie se escandaliza con eso, cuatro duros por agua no deberían doler. Y por medio queda el argumento de siempre: el grifo, la fuente o la jarra de agua del tiempo.
La discusión trasciende al agua. Una mirada al conjunto del ticket muestra una cena de dos personas con dos platos principales, una botella de agua grande para compartir y dos aperitivos de cortesía; sin postre, sin café, sin pan ni bebidas especiales. El total se dispara por encima de los 25 euros. Esa es la verdadera señal: el cliente gasta lo mínimo y el restaurador aprieta donde puede.
La ley que casi nadie invoca: el agua del grifo es gratis
Lo que muchos desconocen es que desde el 8 de abril de 2022 existe una obligación legal: el artículo 18.3 de la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, exige a bares y restaurantes ofrecer siempre agua no envasada de manera gratuita y complementaria a su oferta. Y no se puede cobrar por la puerta de atrás, metiendo el servicio, el vaso o el hielo. La ley cubre el agua no envasada, no la filtrada o tratada, pero es un derecho que casi nadie usa.
La pregunta entonces es por qué la batalla sigue centrada en el agua embotellada. La respuesta tiene que ver con los márgenes. La subida de impuestos, de cotizaciones y de materias primas ha desplazado el coste al cliente, y la botella es uno de los pocos productos donde el restaurante puede remarcar sin que salte demasiado el ojo. La ironía es que mientras unos defienden el precio como normal, otros apuntan a que la hostelería se está convirtiendo en un lujo para minorías: en platos de comida pelada y sorbos de agua, ya son treinta euros.
Con esos precios, más de uno hará bien en recordar que el agua del grifo, además de gratis, es perfectamente potable. Aunque, claro, entonces no hay terraza, ni aperitivo de cortesía, ni la oportunidad de hacer la foto del ticket antes de pagarlo. Cada cual que pague lo que crea. Pero que no se diga que no avisamos.