Feijóo no sabía que Vox votaría a su propio candidato en la Mesa
¿Cómo se prepara una investidura cuando el socio al que no le has dado nada decide votar a su propio candidato? El PP creía tener la respuesta hasta el 17 de agosto de 2023. Ese día, cerrada la sesión constitutiva del Congreso, Alberto Núñez Feijóo convocó a la cúpula de su partido en la sede de Génova de forma urgente y extraordinaria. Según fuentes conocedoras del encuentro, el líder popular
no sabía que los 33 diputados de Vox no apoyarían a Cuca Gamarra para presidir la Cámara Baja. Su estrategia se había desbaratado en el hemiciclo y el enfado era proporcional al destrozo.
Qué pasó en la Mesa del Congreso: 178 votos frente a 139
Francina Armengol, la opción del PSOE, sumó
178 apoyos —PSOE, Sumar, Junts, ERC, Bildu, PNV y BNG— frente a los
139 de Gamarra, que solo reunió a PP, UPN y CC. Los 33 diputados de Vox escribieron en su papeleta el nombre de Ignacio Gil Lázaro, el candidato elegido por la ejecutiva de Santiago Abascal. Sobre la mesa de Edad, 350 papeletas leídas una a una. El margen final entre ambas candidaturas fue de 39 votos, que en términos parlamentarios no es una derrota: es una demolición.
Por qué el PP no cedió una vicepresidencia a Vox
El PP había decidido no cederle un puesto entre las vicepresidencias a Vox —habría sido para el propio Gil Lázaro— una vez comprobado que el PSOE ganaría la votación, después de sellar su acuerdo con los independentistas de Junts. La decisión se formalizó esa misma mañana, ya en el hemiciclo, y se comunicó a los líderes de Vox. Después, la dirección popular alega que los de Abascal
no avisaron de que votarían a su candidato. Puede ser cierto. También puede ser que nadie preguntara, o que nadie llevara la respuesta al jefe. Porque lo que el partido admite es exactamente eso: Feijóo no estaba informado de lo que iba a ocurrir cuando se abriera la urna.
El cálculo que deja la investidura cuesta arriba
Esas cuentas desbaratan hasta el límite las opciones de Feijóo para que el Rey le proponga como primer candidato a la investidura, en la ronda de contactos que la Casa Real abriría en los días siguientes. Pedro Sánchez no solo exhibió capacidad de reunir mayoría en primera votación —mayoría absoluta—, sino una diferencia de apoyos que haría muy difícil una decisión de Felipe VI que no fuera encomendarle a él el intento de formar Gobierno. El que pierde la Mesa no pierde un asiento: pierde el relato de la aritmética. Y ese relato, en una ronda de consultas, pesa más que cualquier discurso.
Feijóo, ¿un Casado 2.0? Los reproches que le llueven
Aquí empieza el juicio. Una corriente sostiene que el líder popular no sabe negociar, que da por hechos los votos ajenos y que confunde ser la lista más votada con tener un derecho de cobro sobre el resto. Su gestión se describe como la del niño que quiere todos los juguetes de los demás y no suelta ninguno de los suyos. Otros apuntan al desgaste personal: un candidato al que se le atribuye falta de ganas, rígido, con menos reflejos de los que exige un hemiciclo donde las mayorías se cosen a mano. Y una tercera lectura incómoda para el propio PP pone el foco en el socio: si Vox no es Ciudadanos y su electorado no se reabsorbe con gestos, ningunearlo durante meses y después esperar su voto gratis tenía fecha de caducidad. El cálculo completo, voto a voto y grupo a grupo, deja un margen que sorprende a quien todavía creía que Génova controlaba los tiempos.
Vox: del apoyo gratis a la respuesta simétrica
Conviene recordar el orden de los factores. Vox había puesto sus 33 diputados a disposición de una posible investidura del PP sin contrapartida conocida. No obtuvo nada. De ahí que su voto en la Mesa se lea como una réplica de manual: si me hundes, te arrastro. Hay quien lo interpreta como venganza mezquina y quien lo ve como simple aprendizaje de lo que cuesta ignorar al tercer partido de la Cámara.
Qué se juega el PP en sus gobiernos autonómicos y ayuntamientos
La geometría no da para más: ningún partido nacionalista va a pactar con Vox ni Vox con ningún nacionalista. O se deshacen los gobiernos autonómicos y municipales compartidos, o el PP se queda solo con sus escaños. No hay más vueltas que darle, y esa es la factura que nadie en Génova quería poner por escrito.
Al final, el resumen más repetido es también el más simple: nadie preguntó y nadie avisó. Un sistema de comunicación impecable, funciona igual de bien en las dos direcciones, que es justo como no funciona ninguna.