Terremoto de 7,4 en Colombia: mata el ladrillo, no el seísmo
Un seísmo de magnitud 7,4 ha sacudido Colombia con epicentro en el Cauca y ha dejado al menos 47 muertos, decenas de desaparecidos y varios edificios colapsados en Cali. El temblor, que se sintió en Panamá, ha vuelto a poner el foco sobre una realidad incómoda: la magnitud del desastre no depende solo de la placa de Nazca, sino de que el 90% de las construcciones siguen sin norma sísmica.
Balance de daños: de 25 a 47 muertos en horas
El primer recuento oficial hablaba de 25 fallecidos. Horas después, la cifra se elevaba a 47 y aparecían los primeros desaparecidos. El desglose provisional es demoledor: 27 muertos en el Valle del Cauca, 18 en Pereira, y fallecidos en Chocó, Manizales y Cali. Varios edificios se vinieron abajo en Cali mientras el movimiento se propagaba por la región. Por si faltaba un problema, el volcán Puracé, en el Cauca, entró en erupción y complica una emergencia que ya desborda a los servicios de rescate.
La factura económica: el terremoto no perdona el ladrillo sin norma
La reconstrucción de las zonas afectadas exigirá una inversión que ningún cálculo preliminar se atreve a cerrar. El punto crítico no es el sismo, sino el parque de edificaciones: buena parte de las viviendas son de ladrillo sin norma sísmica o autoconstrucción. En un país con baja penetración del seguro de catástrofes, cada réplica se convierte en un coste adicional. Mientras los políticos hacen las fotos de rigor, las empresas constructoras que han incumplido normativas llevan décadas facturando a coste cero en seguridad.
Conspiraciones y placas tectónicas, la batalla por la explicación
En el análisis público han convivido dos lecturas muy distintas. La primera, respaldada por la geología, recuerda que Colombia se asienta sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico y que la colisión de placas no entiende de agendas ocultas. La segunda, más activa en redes, ha señalado con insistencia al eclipse, al clima espacial o incluso a tecnología de control sísmico. No hay evidencia que sostenga esas hipótesis, pero la coincidencia temporal con el eclipse alimenta una corriente que conviene no subestimar.
La política no se queda fuera
El nuevo gobierno colombiano asume la catástrofe en un momento delicado, con críticas que apuntan a la falta de prevención y a la tardanza en pedir ayuda. Hay quien recuerda que la ayuda internacional llega antes a Colombia que a otras zonas afectadas por catástrofes en España; también hay quien aprovecha para ajustar cuentas con la anterior administración. La gestión de la emergencia marcará los primeros meses de mandato y condicionará, probablemente, la relación con los países donantes.
¿Cuánto tardará el próximo terremoto en recordarnos que el 90% de los edificios siguen sin norma sísmica? La pregunta no es si habrá otro seísmo, sino si estaremos preparados cuando llegue.