Israel bombardea el puerto de Hodeida tras el dron de Tel Aviv
Un dron golpea Tel Aviv y, horas después, la aviación israelí bombardea el puerto yemení de Hodeida. La secuencia es la de siempre —acción, represalia y una cuenta que nadie cierra—, pero lo relevante no es la respuesta en sí, sino lo que exige: desplazar una flota de combate
a miles de kilómetros de sus bases y sostenerla en el aire con reabastecimiento en vuelo. Hodeida lleva años siendo un nodo logístico disputado. Ahora es también un escaparate de alcance militar.
La operación se produce después de que un dron yemení impactara en Tel Aviv, y llega acompañada de una pregunta que recorre cualquier análisis:
por dónde pasaron esos aviones. No es un detalle técnico. Es política pura, y de la respuesta depende quién puede enfadarse sin romper nada.
¿Qué aviones atacaron Hodeida y por dónde volaron?
Según informes de prensa yemení citados en la discusión,
ocho cazas F-35 y cinco F-16 ejecutaron el ataque. Los cálculos sobre radio de acción apuntan a que la misión no era viable sin aviones cisterna, y ahí asoma el dato más incómodo: se menciona un
KC-767A italiano volando en las inmediaciones de Hodeida, lo que abre la pregunta de si Roma facilitó la operación o solo coincidió en la zona. Nada de eso está confirmado.
La ruta tampoco. En la discusión circulan dos hipótesis: sobrevolar
Arabia Saudí o hacerlo por el mar Rojo desde Eilat. La primera implicaría una colaboración que Riad no ha reconocido; la segunda, más distancia y más dependencia del combustible en vuelo. Quien acierte con la ruta sabrá también por dónde puede responder Yemen.
Los objetivos: combustible, armas y una central eléctrica
El fuego se cebó con la infraestructura energética. Entre los blancos señalados aparecen
depósitos de combustible, tanqueros de petróleo y una refinería en el puerto, además de almacenes de armamento.
Tres horas después del ataque, la central eléctrica y otros puntos seguían ardiendo, según un mensaje difundido en el debate que cita a una fuente israelí. Ese incendio que no se apaga es lo que convierte un bombardeo en un mensaje, y a la vez lo que invita a discutir si el objetivo era militar o simplemente visible.
La cocina política del ataque también se filtró. Según un mensaje difundido en la discusión, el Consejo de Ministros israelí habría celebrado una
sesión extraordinaria en sábado, con presencia de ministros de la línea dura, y Benjamín Netanyahu habría insistido en una operación de gran envergadura. Su discurso estaba programado para las 20:30. Fuentes israelíes lo enmarcaron como advertencia a Teherán:
Israel también puede golpear Irán.
¿Responderá Yemen? El puerto de Haifa, en el punto de mira
El portavoz hutí no tardó en anunciar el objetivo de la réplica:
el puerto de Haifa. Sobre el papel suena a escalada. Sobre el terreno, la capacidad real es otra cosa. Como sostiene un participante, los intentos previos se quedaron cerca de Eilat, neutralizados a kilómetros del blanco por los sistemas antimisil desplegados por fuerzas anglosajonas, y los drones que probaban la ruta saudí acababan como práctica de tiro de los F-15 de Riad.
Ese relato optimista tiene réplica, según otro usuario: ningún sistema de defensa es perfecto y hasta el AEGIS ha mostrado fallos en ejercicios. La cuestión no es si intercepta todo, sino cuánto deja pasar. En paralelo circulan mensajes sobre cortes de electricidad en la zona de Gush Dan y en el asentamiento de Beitar Illit, atribuidos al temor a un ataque yemení. No hay confirmación oficial, y conviene tratarlos como lo que son: versiones sin verificar.
Desproporción, coste y el fantasma de otro Vietnam
La pregunta que sobrevuela todo esto es la de siempre: ¿es proporcionada la respuesta? Golpear infraestructura portuaria a cambio de un dron invita a la duda. La respuesta de manual es que la proporcionalidad no se mide en unidades, sino en disuasión. La escéptica es que un puerto en llamas no detiene a un adversario: lo endurece.
Y ahí entra la comparación histórica que plantea un participante. Líbano en los setenta, el atentado contra la embajada en 1975, Somalia y Mogadiscio veinte años después: intervenciones que empezaron como represalia y acabaron como salida escaldada. Yemen, además, lleva
décadas siendo bombardeado, como recuerda un usuario, lo que rebaja bastante el factor sorpresa. En el plano económico se especula con que los futuros del petróleo se disparen, y se apunta con retintín que los beneficios de algunos acompañan a las llamas.
El frente se multiplica. El mismo día Israel atacó lanzaderas en el sur del Líbano, desde donde se lanzaron proyectiles hacia los Altos del Golán. También se difundió la posibilidad de que Rusia envíe misiles a Yemen. Demasiadas ventanas abiertas para un solo vecindario, y ninguna con salida rápida.
Si el puerto de Haifa acaba siendo el siguiente objetivo, la pregunta no es si Israel volverá a responder, sino cuántos frentes puede sostener a la vez antes de que el coste pese más que el mensaje.