La policía registra el CNIO por 25 millones desviados del cáncer
La Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal entra en la sede del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas después de que Anticorrupción abra causa a raíz de una denuncia por 25 millones supuestamente robados a la lucha contra el cáncer. La cifra no es un redondeo de prensa: es la cantidad que figura en la denuncia que originó el expediente. Y el registro llega, según las informaciones publicadas, después de que los denunciantes —presuntamente represaliados con el despido— avisaran al secretario de Estado de Ciencia, Juan Cruz Cigudosa, número dos de la ministra Diana Morant, antes de acudir a la Fiscalía. Sin respuesta, según esa versión.
Qué se investiga y quién está señalado
El foco apunta a la cúpula del centro, con la directora María Blasco y su entorno en el punto de mira de la causa. Las acusaciones que circulan —desvío de fondos, uso de presupuesto público para fines ajenos al I+D oncológico— están sin condena firme y se formulan en condicional: se habla de supuestos pagos por obras de arte a precios disparatados dentro del programa CNIO Arte, un chiringuito que habría servido para colocar cuadros «inspirados en la investigación del cáncer» y repartirse después el dinero.
La denuncia no es de ayer. Hay quien sostiene que el asunto se conocía desde hace más de un año y que ese margen ha servido para borrar rastro. Es la lectura más repetida: cuando la policía entra, el material incriminatorio ya puede estar limpio. El cálculo completo de lo desviado, partida a partida, es lo que nadie ha puesto encima de la mesa con detalle.
El precedente que nadie se saca de la cabeza
La comparación con el caso Roldán es inevitable y aparece en cuanto se menciona dinero público y una causa sensible. El exdirector de la Guardia Civil desvió fondos destinados a los huérfanos de agentes asesinados por ETA. Aquí el paralelismo es explícito en buena parte de las reacciones: si se puede robar la hucha de los niños, se puede robar la investigación del cáncer.
Esa memoria explica la dureza del tono. No es indignación genérica por corrupción: es la sensación de que el patrón se repite y de que el castigo no llega. «Robar dinero destinado al cáncer no se paga con una pena de cárcel», resume una de las intervenciones más crudas del asunto, que pide directamente torturas para restaurar el equilibrio cósmico. Es una hipérbole, pero marca el estado de ánimo.
La UDEF, el eslabón que nadie se cree
Aquí aparece el giro más incómodo. La UDEF es la misma unidad a la que la UCO habría denunciado por haber entorpecido el asunto de Zapatero y Plus Ultra, según una de las líneas que circulan. De ahí la sospecha: que el registro no sea para esclarecer nada, sino para tapar y archivar. «Si es la UDEF la que está investigando, no es para otra cosa que para tapar el caso», sostiene una corriente del análisis.
El escepticismo no distingue colores. Hay quien extiende la crítica a cualquier formación política con responsabilidades de gobierno: malversar o vender el mandato a intereses particulares es traición a la patria, y no debería ser una idea tan extravagante. Otros van más lejos y piden justicia militar por alta traición contra los dirigentes de los últimos veinte años. La temperatura sube, pero el fondo es el mismo: desconfianza total en que la causa llegue a algún sitio.
El patrón del dinero público y el ladrillo
Una parte del análisis se detiene en el destino del dinero. Lo robado no acaba en Suiza: se «invierte» en pisos en España, y luego un zulo en Valencia cuesta medio millón. El ladrillo especulativo como blanqueadero doméstico. Es la misma lógica que conecta corrupción y burbuja inmobiliaria, y que explica por qué el dinero público desaparecido siempre reaparece en forma de ladrillo.
La pregunta que sobrevuela es cuánta investigación se financia sin resultado, cuánto papel mojado se acumula en proyectos que no llegan a nada. No es una acusación concreta contra nadie: es la sospecha estructural de que una parte del sistema de I+D funciona como estructura de colocación y no como ciencia.
Con estos mimbres, lo previsible es que la causa avance despacio, que el foco se desplace del desvío concreto a la guerra entre unidades policiales y que el registro quede en anécdota. Si aparece una condena firme, será dentro de años. Y para entonces, el dinero del cáncer llevará mucho tiempo convertido en obra de arte, en piso o en nada.