Exceso de eólica, parón industrial y 800 horas de luz tirada
¿Cómo se entiende que un país pare su industria por tener demasiada electricidad y, a la vez, siga pagando la luz a precio de oro? El sistema eléctrico español volvió a declarar la emergencia después de que Red Eléctrica cortara el suministro a la industria por un exceso de generación eólica, agravado por problemas con la interconexión portuguesa a primera hora de la mañana. No hubo apagón general. Pero el episodio dejó una pregunta incómoda: si sobra energía, ¿por qué todo se tambalea?
Qué pasó con Red Eléctrica y la industria
La secuencia es sencilla de contar y difícil de digerir. La red se encontró con más producción renovable de la que podía absorber o colocar fuera. Con Portugal dando problemas, la salida
de siempre fue recortar demanda industrial. Horas antes, un temporal de viento había puesto al sistema en alerta por un problema con la propia eólica. Dos avisos el mismo día.
Conviven aquí dos relatos opuestos. Uno sostiene que sobra generación y que el sistema no sabe gestionarla. Otro defiende justo lo contrario: que en pleno temporal los aerogeneradores se paran por seguridad y lo que hay es déficit de producción. La discusión no está cerrada, y de ella depende casi todo lo demás.
800 horas a precio cero y la solar vendiendo a 35,75 €/MWh
Los números del año ordenan el caos. 2025 acumuló alrededor de
800 horas con precios cero o negativos, equivalentes a un
9,1% del año regalando electricidad. Traducido: en casi un mes completo repartido en ratos sueltos, la energía no valía nada o costaba dinero producirla.
La solar fotovoltaica se lleva la peor parte. Su
precio capturado se quedó en 35,75 €/MWh, porque sus paneles producen justo cuando todos los demás también producen. Es el problema clásico de la coincidencia temporal: cuanto más se instala, menos se cobra por lo instalado. Las renovables
mueren de éxito. Y la red está atascada:
386 nudos de acceso saturados y
165 GW de capacidad bloqueada. Solicitudes que no caben en ningún sitio.
¿Por qué la factura sube si la electricidad vale cero?
El punto que más cuesta aceptar. El precio mayorista puede caer a cero o a negativo y el recibo final seguir engordando, porque no se paga solo la energía. Se paga la potencia renovable instalada —primas, subvenciones, garantías de ingreso— sople viento o no. Se paga la capacidad de respaldo, los ciclos combinados y los motores que deben estar listos por si las renovables fallan. Y se pagan los costes de desacople cuando el mercado se rompe por exceso de oferta.
Hay quien lo resume con crudeza: es un sistema
esquizofrénico, que retribuye a la vez la sobreproducción y la red que debe cubrirla cuando esa producción desaparece.
El respaldo que cobraba por estar y no estaba
Aquí apunta la crítica más incómoda, la que se dirige a los episodios previos de apagón. Según esta lectura, la reserva rodante —las turbinas que deben estar en marcha para entrar en cuestión de minutos y que se pagan en la factura— estaba desconectada, porque el criterio imperante era que
nunca se usaban. Cuando se necesitó, no estaba. El informe de ENTSO-E es la pieza que se cita para sostenerlo, y quien lo defiende pide corrección si alguien maneja datos mejores.
Frente a eso, la tesis tecnológica: no va a faltar potencia, va a sobrar. Las baterías están bajando de precio hasta el punto de que empieza a tener sentido mover electricidad de las horas de exceso a las de carencia, varias veces al día. El matiz está en distinguir potencia (GW) de energía gestionable (GWh): un parque de baterías entrega mucha potencia durante poco tiempo, y el coste real lo marcan los ciclos, no los megavatios.
¿Se puede exportar el exceso de renovables a Europa?
Es la pregunta que más veces reaparece. La respuesta choca con un cuello de botella físico: según un cálculo que circula en el hilo, la conexión con Francia ronda los
2.000 MVA, cuando harían falta del orden de
30.000 MVA para colocar semejante excedente. Con esa tubería, el sobrante se queda dentro.
De ahí salen las dos salidas que se repiten: industrializar el exceso —usarlo aquí, en fábricas y calor— o almacenarlo. Sobre el almacenamiento, el ejemplo que se rescata es el de las presas reversibles, que bombean agua hacia arriba cuando sobra energía y la sueltan cuando hace falta. Existen, funcionan y apenas se nombran.
Total: un país capaz de regalar electricidad durante 800 horas y de quedarse a oscuras en la siguiente. La buena noticia es que no hay que elegir; con este diseño de mercado, caben las dos cosas el mismo día.