Una ciudad que tiembla: grietas, desalojos y ninguna respuesta clara
Granada lleva cuatro días temblando, y la liturgia de la urgencia ya se ha instalado en la ciudad: vecinos durmiendo en la calle, comercios con la persiana a media asta y un ir y venir de técnicos que revisan fachadas. La secuencia, que comenzó con un seísmo de magnitud 4,8 y alcanzó su pico con un temblor de 5,2 en plena madrugada, ha obligado a desalojar 371 viviendas en Las Gabias y a cerrar el complejo de la Alhambra por prevención.
Los datos oficiales aún son provisionales, pero el balance que circula por la zona no es tranquilizador: grietas en bloques de pisos, caída de muros de cerramiento, una carretera en Cenes de la Vega con un corte de varios centímetros y una decena de averías en suministros básicos. La buena noticia es que no ha habido víctimas mortales; la mala, que nadie sabe si esto ha terminado.
Del 4,8 al 5,2: una noche sin conciliar el sueño
El primer aviso llegó con un temblor de magnitud 4,8, lo bastante notable como para vaciar de madrugada media Granada. Le siguió un 3,7 que apenas se sintió, pero la emoción –nunca mejor dicho– llegó con el 5,2. Los testimonios recogidos coinciden: el suelo se movió en todas direcciones, la luz se fue durante cinco minutos y el corte de energía dejó a varios barrios a oscuras mientras sonaban las alarmas de los coches.
El epicentro se ha localizado entre Huétor Vega y Alhendín, en una de las fallas que cruzan la vega granadina. Una zona que, como recuerdan los geólogos, produce terremotos de esta magnitud cada pocas décadas. La diferencia es que ahora toda la secuencia se ha concentrado en menos de una semana.
Desalojos en Las Gabias y el cierre de la Alhambra: los daños piden factura
La medida más visible la tomó el vicepresidente primero de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz: 600 personas desalojadas de 371 viviendas en Las Gabias, un municipio del cinturón metropolitano donde las construcciones antiguas y las medianeras mal cosidas han sufrido lo peor. El metro de Granada, que en teoría no debería haberse resentido, ha cerrado dos de sus estaciones (Genil y Recogidas) y ha seguido funcionando con normalidad en el resto del trazado.
El patrimonio tampoco se libra. La Alhambra, el edificio que los granadinos consideran más seguro por su construcción sobre roca, ha sido desalojada de forma preventiva. Una ironía para una ciudad que vive en buena parte del turismo, y que ahora ve cómo el monumento más visitado de Andalucía baja la persiana en plena temporada alta.
¿Terremotos que evitan uno mayor? La teoría que divide
Frente al miedo a que la secuencia sea la antesala de un seísmo catastrófico, hay quien sostiene exactamente lo contrario: que estos temblores están liberando la energía acumulada en la falla, y que, por tanto, reducen el riesgo de un evento mayor. Es la tesis del goteo sísmico, tan cómoda como difícil de demostrar. Los sismólogos no se ponen de acuerdo, y la ciudadanía hace lo que puede: dormir con una oreja puesta en el suelo.
En paralelo, han reaparecido las teorías que apuntan al proyecto Castor, el almacén de gas submarino que ya provocó más de un millar de microseísmos en Castellón y Tarragona antes de ser clausurado. Nadie ha aportado un dato que relacione el Castor con la falla granadina, pero el runrún no desaparece: en un país con el recuerdo del terremoto de Lorca aún fresco, cualquier ruido tectónico se convierte en conspiración.
Lo que ningún informe oficial ha cuantificado todavía es la factura. Entre daños en viviendas, pérdidas de actividad comercial en el eje del Paseo y el coste de revisar estructuras, la cifra –siempre que alguien se atreva a ponerla sobre la mesa– superará con holgura los primeros cien millones de euros. Pero ese cálculo no existe, y mientras tanto Granada sigue temblando.
A la espera de que la tierra decida si ha soltado toda la rabia o solo un aviso, lo único seguro es que la ciudad ha aprendido a convivir con la incertidumbre. Y que, cuando la verbena de San Roque volvió a sonar tras el apagón, nadie quiso perderse el baile. La vida, esa manía de seguir, se impone al epicentro.