Von der Leyen exige dos años más de dinero para Ucrania
Ursula von der Leyen lo dejó claro nada más pisar Bruselas: «No abandonaremos el Consejo Europeo de hoy sin una solución para la financiación de Ucrania durante los próximos dos años». La presidenta de la Comisión Europea convertía así una cumbre ordinaria en un pulso de calendario. No se trata de un paquete de reconstrucción ni de un plan Marshall para levantar ciudades en ruinas. El dinero, según el propio texto que se discute, va a sostener el esfuerzo militar durante dos ejercicios más. La cifra que circula en los corrillos de la capital belga es de
90.000 millones de euros. Y la pregunta que recorre los pasillos no es si Ucrania merece ayuda, sino quién firma el pagaré y con qué garantías.
Qué se decide en el Consejo Europeo sobre Ucrania
El Consejo Europeo es la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete. No es el Parlamento Europeo, no es la Comisión y no responde ante el Congreso español ni ante el Senado. Ahí está el primer punto de fricción: una decisión que compromete dinero de los contribuyentes de los Estados miembros se toma en una mesa donde nadie ha votado a los que se sientan. La presidenta de la Comisión, además, no ha sido elegida por sufragio directo en ningún país.
El mecanismo que se negocia tiene una trampa contable que Hungría ha señalado con precisión. Se trata de un préstamo, no de una transferencia a fondo perdido. Kiev solo tendría que devolverlo si Rusia paga las reparaciones de guerra. Si Moscú no paga, la deuda queda en el aire. Y ahí entra el debate sobre los activos rusos congelados: usarlos para financiar a Ucrania es la opción que más irrita a Moscú y la que más divide a los socios europeos.
El préstamo que Kiev solo devuelve si Rusia paga
Hungría aceptó el préstamo comunitario a Kiev, pero se negó a contribuir a las garantías de la deuda. Es la cuadratura del círculo: Budapest no bloquea el paquete, pero tampoco avala el riesgo. El primer ministro húngaro ha reivindicado ese papel en la decisión final. Según un participante del debate, Chequia, Eslovaquia y Bélgica también han mostrado reticencias a la hora de firmar cheques en blanco.
La lógica del préstamo condicionado es sencilla de enunciar y complicada de ejecutar. Si Rusia nunca paga reparaciones, alguien tendrá que asumir el impago. Ese alguien son los presupuestos nacionales. Y los presupuestos nacionales son los impuestos de quien vive en Madrid, en Lisboa o en Bratislava. El cálculo completo, con el reparto por país y las garantías cruzadas, es el documento que nadie quiere filtrar entero.
Los agricultores toman Bruselas mientras se negocia el cheque
Mientras los líderes discutían financiación para Ucrania, las calles de Bruselas se llenaban de tractores. Cerca de
500 vehículos agrícolas se concentraron frente al Parlamento Europeo para rechazar el acuerdo de libre comercio con Mercosur. La protesta escaló hasta encender una hoguera en la plaza de Luxemburgo. La tensión en el corazón de la UE no venía de Moscú, venía del campo europeo.
El contraste es llamativo. España defiende abrir Europa al Mercosur como forma de ganar peso geopolítico. Francia intenta bloquearlo ante la furia de sus agricultores. Dos socios, dos posiciones opuestas, y un mismo Consejo Europeo donde se decide el dinero para Ucrania y el comercio con Sudamérica en la misma jornada. La Europa de los despachos y la Europa de la calle, retratadas en la misma plaza.
Quién paga los 90.000 millones y con qué garantías
La cifra de 90.000 millones de euros para seguir financiando la guerra aparece en la discusión como el montante que se maneja para los próximos dos años. No es reconstrucción, es sostenimiento del frente. Hay quien sostiene que el dinero no busca levantar Ucrania sino prolongar el conflicto y desangrar a Rusia a costa del contribuyente europeo. En contra pesa el argumento de que abandonar a Kiev ahora sería una derrota estratégica de Europa entera.
El reparto por habitante que se ha puesto sobre la mesa en algunos cálculos informales habla de
200 euros por persona o 600 por familia. Es calderilla, dicen unos, si sirve para frenar a Moscú. Es un atraco, responden otros, si el préstamo nunca se devuelve porque Rusia no piensa pagar reparaciones. La discusión sobre los activos rusos congelados añade una capa jurídica que nadie quiere abrir en público.
El pulso entre Orban y la maquinaria de Bruselas
El primer ministro húngaro se ha convertido en la voz disonante del Consejo. Su negativa a entrampar a los húngaros en las garantías del préstamo le ha valido el papel de único líder que dice cosas coherentes, según una parte del análisis. Para otra, es simplemente el obstáculo que retrasa lo inevitable. La realidad es que Hungría ha aceptado el préstamo pero no la garantía, y ese matiz es el que permite a Bruselas decir que hay acuerdo.
La pregunta de fondo sigue sin respuesta: qué pasa si Ucrania no puede devolver el préstamo y Rusia no paga. Nadie en la sala quiere contestarla en voz alta. El Consejo Europeo no se levanta sin una solución, dijo von der Leyen. La solución existe sobre el papel. La garantía de que alguien la pague, no.