Desembarco anfibio en Ormuz: ¿Operación viable o suicidio militar?
La prensa rusa plantea un escenario que muchos analistas descartan de plano: un desembarco anfibio de los marines estadounidenses en el estrecho de Ormuz para capturar islas y puntos estratégicos iraníes. La idea no es nueva, pero según el artículo de Gazeta, sería la opción más probable para cortar las rutas petrolíferas. Sin embargo, los números no cuadran: se necesitarían entre 50.000 y 100.000 soldados, meses de preparación y una acumulación logística imposible de ocultar en la era de los drones y satélites. Irán, además, lleva décadas preparándose para un "abrazo al enemigo", como en Stalingrado: negar la superioridad aérea pegándose al invasor.
La isla clave: Kharg, el talón de Aquiles iraní
El segundo artículo citado señala a la isla de Kharg, un islote de apenas ocho kilómetros de largo que alberga instalaciones de almacenamiento con capacidad para dos millones de barriles de petróleo. Desde allí parten oleoductos submarinos hacia los yacimientos y plataformas del Golfo. Un ataque exitoso a Kharg colapsaría la economía mundial, pero también convertiría la operación en una provocación directa a China, principal cliente del crudo iraní. Para algunos, el objetivo no es solo Irán, sino cerrar el grifo a Pekín y demostrar que Taiwán está fuera de su alcance.
Los escépticos: un desembarco suicida en la era de los misiles
La corriente mayoritaria del debate considera que un desembarco anfibio es inviable sin control total del espacio aéreo y marítimo, y aún así sería una carnicería. La concentración de tropas necesaria es un blanco perfecto para los misiles costeros iraníes y los drones. Quienes defienden la opción aérea señalan que basta con bombardear repetidamente las zonas costeras para destruir infraestructuras sin arriesgar soldados. Sin embargo, otros recuerdan que Irán ha desarrollado capacidades asimétricas y que sus Guardias Revolucionarios están deseando el combate cuerpo a cuerpo.
Lecciones de historia: de Gallipoli a Stalingrado
Las comparaciones históricas afloran: Gallipoli (1915) como ejemplo de desastre anfibio, y Stalingrado como modelo de defensa que niega la superioridad aérea mediante el combate urbano y de trincheras. También se menciona la experiencia de Irak: dos invasiones que no lograron estabilizar el país y que generaron un enorme coste político en Estados Unidos. La opinión pública norteamericana, sensible a las bajas, sería un factor disuasorio.
Al final, el consenso se rompe en un punto: ¿para qué arriesgar una operación de semejante envergadura cuando se puede lograr el mismo efecto mediante bombardeos selectivos y presión diplomática? La respuesta, quizás, está en la necesidad de un éxito militar contundente que legitime al gobierno de Trump ante su base. Pero como señala un análisis, los iraníes "tienen las espaldas curtidas en resistencia y guerras largas". El estrecho de Ormuz puede ser la tumba de más de un sueño imperial.
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