DMOCRACIA: cuando la marca de ropa la paga tu factura fiscal
El Gobierno de Pedro Sánchez ha destinado 15 millones de euros a crear una marca de ropa urbana llamada DMOCRACIA, dentro del Plan de Acción por la Democracia y la campaña «España en Libertad. 50 años». La iniciativa, que ha contratado a la influencer Marina Rivers como promotora, busca conectar con los jóvenes a través de sudaderas y camisetas con el lema de valores democráticos. Pero el coste y la ejecución han reabierto el debate sobre el uso partidista de los recursos públicos.
Un chándal de 15 millones: ¿gasto o inversión?
Según la documentación oficial, el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, dirigido por Ángel Víctor Torres, ha lanzado DMOCRACIA como un proyecto de «ropa de estilo urbano» para difundir valores democráticos entre las nuevas generaciones. El presupuesto incluye diseño, producción, marketing y la fee de la influencer, que ronda cifras millonarias. Sin embargo, la ausencia de datos sobre fabricación y proveedores ha disparado las sospechas. Tal y como se ha señalado en los análisis que circulan, la opacidad en la contratación y la elección de un nombre que evoca marcas famosas (Democracy Clothing) levanta dudas sobre la eficiencia del gasto.
La estrategia del blindaje moral
El mecanismo es conocido: se envuelve la iniciativa en conceptos irreprochables —democracia, libertad, valores— para que cualquier crítica parezca un ataque al propio concepto. Como se ha observado en casos anteriores, la trampa discursiva permite desviar la atención: quien cuestiona el despilfarro es tachado de antidemócrata. La ironía, sin embargo, es que el propio nombre, DMOCRACIA, ha sido registrado por un tercero tras el anuncio, según ha trascendido en redes, lo que añade un capítulo de gestión cuestionable.
El debate deja dos corrientes: quienes ven una campaña legítima de concienciación juvenil y quienes consideran que se trata de malversación encubierta. Lo cierto es que, a fecha de esta discusión, ni la web de la marca ni la información oficial detallan el número de prendas producidas ni el plan de distribución. La pregunta que queda en el aire: ¿cuántas camisetas hacen falta para justificar 15 millones?