Por qué el humor de hace 20 años sigue ganando al actual
¿Alguien estrena hoy una comedia que dentro de dos décadas se siga viendo en bucle? La respuesta corta es que no hace falta. Los vídeos de hace más de veinte años —humor español de videoclub, programas de televisión desaparecidos y memes prehistóricos— siguen arrancando carcajadas y alimentando un mercado de nostalgia digital.
Lo llamativo no es que se recuerden, sino que se compartan como material nuevo. Una de las escenas que circula desde hace 22 o 23 años "todavía me hace gracia a día de hoy". No es humor sofisticado: es la crónica de un personaje exagerando un absurdo con una frase repetida hasta la extenuación. Justo el mecanismo que el humor moderno ha ido perdiendo: la repetición, el gag físico y la irreverencia sin permiso.
El humor impensable antes de la corrección política
Hay consenso en que buena parte de esos vídeos serían "impensables a día de hoy". No hace falta entrar en el debate de la cancelación para reconocer que el humor de entonces funcionaba con una libertad que ahora mismo no existe en las grandes plataformas. Programas como El informal o Lo más plus, con formato de zapping y una pizca de mala leche, sostenían la risa sin efectos especiales ni presupuesto de blockbuster. Casi nadie se ríe hoy con el mismo nivel de desvergüenza; lo que queda es una comedia más higiénica, más calculada y, sobre todo, más aburrida.
No es solo una impresión. Muchas voces señalan que desde las comedias de la factoría de Judd Apatow, con James Franco, Seth Rogen y compañía, no ha habido relevo generacional. La excusa es que "ya es imposible sin que te cancelen"; el resultado es un cine de humor sin riesgos. Escenas de Hot Shots, Austin Powers o la saga Torrente siguen provocando más risas que la mayoría de estrenos recientes, aunque cada uno tenga sus detractores.
El meme antes de que existiera la palabra meme
Los vídeos de Risitas, en especial el de las paelleras y el de los sacos de cemento, son el ejemplo perfecto. Llevan décadas circulando y han acabado convertidos en memes de alcance mundial. No importa que algunos sean un montaje: el público lo sabe y aun así se ríe. El humor no depende de la verdad, sino de la complicidad.
También quedan las frases que se repiten durante meses, como los que todavía sueltan "taluec" o "me cajon em Dios" en contextos inapropiados. El humor se convirtió en un ritual generacional: la gracia no estaba solo en el vídeo, sino en repetir las frases hasta que los amigos amenazaban con cortar la amistad.
Mientras tanto, la pregunta se ha invertido: ¿algún vídeo de menos de veinte años te hace reír hoy? Casi ninguno. Y eso ya no es nostalgia. Es una acusación.