El caso Villarejo se amplía: saunas, espías marroquíes y un presunto lobby en el PSOE
El caso Villarejo es más que un escándalo judicial: es la radiografía de cómo se construye el poder a través del chantaje. Las últimas informaciones que circulan apuntan a una trama que combina saunas, servicios de inteligencia extranjeros y un supuesto lobby de presión en el seno del PSOE. Villarejo, en el centro de numerosas causas, habría conocido de primera mano la recopilación de material comprometedor sobre políticos españoles por parte de agentes extranjeros, con la tolerancia de los servicios de inteligencia españoles.
La conversación que ha circulado sostiene que el propio Villarejo se habría tomado el asunto con ironía, como si la seguridad nacional fuera un chiste. Los comentarios sobre el sistema Pegasus –el software de espionaje que ha salpicado al Gobierno– sugieren que podría tratarse de una cortina de humo para desviar la atención de estos episodios. El debate recuerda que la práctica del kompromat no es exclusiva de los servicios rusos: todas las agencias la usan, aunque la diferencia está en quién la tolera.
El problema, apuntan los análisis, no es que exista espionaje político, sino que se ejerza con la complicidad de los aparatos del Estado. Si se confirma que agentes extranjeros recopilaron información sensible sobre políticos nacionales ante las narices del CNI –o del llamado CENEI–, habría que hablar de algo más que negligencia. En cualquier caso, la trama del lobby gay del PSOE, presentada como una red de presión interna, añade un componente identitario que eleva la tensión política.
Las informaciones no están contrastadas. A falta de resolución judicial, conviene tratarlas como hipótesis. Pero la incapacidad de las instituciones para desmentir con rotundidad estos hechos alimenta todas las teorías. Si algo demuestra el caso Villarejo es que la frontera entre política, dinero y espionaje es más permeable de lo que el relato oficial quiere admitir. Y la próxima revelación puede volver a cambiar el tablero.