El mariachi, esa conquista silenciosa que España no contó
El mariachi no se impuso en España por casualidad: fue una conquista cultural sin disparos. Películas, radios y casetes lo hicieron posible. Durante décadas, los sonidos de Jalisco sonaron en los bares de Navarra y en los coches que cruzaban el país.
Cine de charros y censura benévola
El cine mexicano de postguerra conectó con un público que entendía de honor, chulería y ajustes de cuentas. La censura, estricta con lo doméstico, fue indulgente con los cuernos y el putiferio propios del producto extranjero. Muchas películas eran cantadas. La tendencia se mantuvo en los 60 y 70, y decayó en los 80.
Corridos, industria y pop español
No había viaje largo en coche sin corridos: 300 kilómetros eran seis horas de casete. La migración a México también influyó. Detrás está, además, una industria musical potente en México y EE UU, aunque no todas las industrias potentes logran calado generacional. Aquí sí se logró: artistas como Sabina, Los Secretos o Enrique Urquijo bebieron de la ranchera; Urquijo llegó a montar un grupo paralelo. En Navarra, aún hay grupos que cultivan la música mexicana.
Si algo demuestra esta historia es que la cultura popular no entiende de fronteras. La pregunta es cuánto durará el eco ahora que el consumo está fragmentado. Lo probable es que el mariachi siga ahí, reinventado. O quizá acabe convertido en souvenir para turistas. Eso ya pasó antes.