VW recorta la mitad de sus modelos: fin de una era o golpe de timón?
Volkswagen ha anunciado un tijeretazo sin precedentes: eliminar la mitad de sus modelos en un intento desesperado por sobrevivir. El diagnóstico es brutal: el gigante alemán, que alguna vez fue el fabricante más grande del mundo, se ha convertido en un pollo sin cabeza. Los datos de productividad no engañan: Toyota produce más vehículos que VW con la mitad de plantilla, lo que sugiere un lastre de burocracia y plantas sobredimensionadas. Mientras tanto, la crisis de los eléctricos propios agrava el panorama.
La debacle de los eléctricos: modelos ID que no cuajan
Los modelos ID, la apuesta estrella de VW por la electrificación, han sido un fiasco comercial. El ID.3, el ID.4 y el e-Up! –retirado rápidamente– han sido calificados de feos, caros y con interiores de plástico duro. El ID. Buzz, el microbús eléctrico, es el único que salva estéticamente, pero su precio es estratosférico. La ironía es que para cumplir las normativas de Bruselas, los ingenieros han diseñado coches que parecen “lavadoras con ruedas”, como se ha señalado. El resultado: ventas decepcionantes y pérdidas millonarias en la división eléctrica.
Precios disparados, calidad estancada
Un Golf 150 CV cuesta hoy 40.000 euros. Con interiores de plástico chabacano y tapizados de gama baja, el cliente se pregunta si paga por el coche o por las normativas de seguridad y emisiones. La subida de precios se ha visto impulsada por los sistemas ADAS obligatorios y los impuestos de la UE, que suman un 35% del coste. En el otro extremo, marcas como BYD ofrecen eléctricos con mejor relación calidad-precio. La guerra de precios la está ganando China, y Europa mira desde la barrera.
Una anécdota lo resume: un veterano conductor recuerda su Golf II TD comprado en 1991, con descuentos y un rodar exquisito. Después de sufrir los costes abusivos del taller oficial, se pasó a un Alfa y ahora lleva un Corolla “semi nevera” que va de coña. La nostalgia por el Escarabajo auténtico, asequible y eterno planea sobre el presente.
El desvío hacia la defensa: la salvación armamentística
Ante la crisis civil, varios analistas apuntan que VW se prepara para fabricar carros de combate y drones. La economía de guerra asoma en Europa. Renault, GM y VW aceleran su desembarco en el sector Defensa. Alemania, que culpabiliza a sus políticas “woke” y ecológicas de la debacle, necesita mantener la industria zombie con contratos militares. La gigafactoría de Sagunto, en el aire, podría reconvertirse a producción bélica. Mientras, los sindicatos callan y los directivos buscan el siguiente chiringuito.
¿Hundimiento inevitable o reconversión inteligente?
Con la gigafactoría de Sagunto en el limbo y el mercado reaccionando con escepticismo –la acción no ha caído porque no concretan el plan–, VW navega entre la necesidad de reinventarse y la presión de un mercado que ya no cree. Si la apuesta por la defensa funciona, quizá salven los muebles a corto plazo. Si no, el país que inventó el automóvil para todos podría quedar sepultado bajo sus propias ruinas. Una cosa es segura: el pollo ha perdido la cabeza, y no parece que vaya a recuperarla pronto.