Volkswagen toca fondo: la cúpula admite por primera vez que su supervivencia está en juego
¿Puede realmente quebrar el mayor fabricante de coches de Europa? Según una encuesta interna secreta filtrada por Manager Magazin y Der Spiegel, seis de los nueve miembros del consejo de administración de Volkswagen califican la crisis actual como una "amenaza existencial" para el grupo. Los otros tres la sitúan en un nivel de tensión extrema. Nadie considera la situación "no crítica". El diagnóstico es contundente: la compañía se enfrenta a una auténtica cuestión de supervivencia.
La foto interna: seis de nueve directivos ven el precipicio
La encuesta, realizada en las últimas semanas y a la que han tenido acceso los medios alemanes, revela un grado de alarma inédito en la cúpula de Volkswagen. El costoso cambio de rumbo hacia la electrificación, unido a la caída de ventas en China y Europa, ha llevado a la dirección a reconocer que el modelo de negocio tradicional ya no funciona. La fábrica de Dresde, emblemática pero deficitaria, es solo un síntoma de un mal más profundo. Mientras tanto, Stellantis tampoco atraviesa su mejor momento, pero la situación de Volkswagen es especialmente grave por su dependencia del mercado chino y su estructura de costes fijos.
El competidor chino: de imitador a verdugo
"Hace diez años, los coches chinos eran una broma. Hoy fabrican mejores vehículos que los europeos a la mitad de precio", resume una de las voces más repetidas en el análisis de la crisis. La transferencia de tecnología durante décadas —cuando las marcas europeas instalaron plantas en China para abaratar costes— se ha vuelto en su contra. Ahora, los fabricantes chinos ofrecen modelos eléctricos e híbridos con una calidad comparable a la de Volkswagen por unos 8.000 euros, frente a los 30.000 que cuesta un modelo equivalente europeo. La diferencia es abismal, y los aranceles comunitarios no logran cerrar la brecha. Algunos analistas sostienen que, de eliminar barreras, los coches chinos inundarían el mercado europeo a precios imbatibles.
El lastre de la regulación y los precios disparados
"Les han puesto tantas chorradas a los coches desde la UE que los precios son desorbitados", resume un consumidor. Un ejemplo: la Volkswagen Caddy híbrida cuesta 50.000 euros; la versión diésel, 40.000. Y el Golf básico en España parte de 27.000 euros, mientras que en Alemania se puede encontrar por la mitad. La normativa de emisiones, los sistemas de seguridad obligatorios y el exceso de tecnología embarcada —pantallas, sensores, asistentes— han encarecido los vehículos hasta convertirlos en un lujo inaccesible para muchas familias. "Solo quiero un motor, cuatro ruedas y aire acondicionado", reclama el mismo consumidor. Pero la industria ha ido en dirección contraria, y ahora paga las consecuencias.
¿Hay salida o es el principio del fin?
Entre las propuestas que se barajan para sortear la crisis, algunas apuestan por reducir drásticamente los precios —"Polos a 8.000 euros y Golfs a 12.000", se sugiere— y centrarse en la fiabilidad y la posventa, en lugar de competir en pantallas y karaokes. Otras voces apuntan a comprar patentes híbridas a Toyota, cuyo sistema HSD lleva décadas demostrando su eficiencia. Pero la mayoría coincide en que el tiempo se agota. Toyota ya advirtió: "O aprendemos a ser más eficientes o China nos superará y puede que incluso desaparezcamos". En Volkswagen, esa advertencia ya no suena a ciencia ficción.
Mientras tanto, en la sede de Wolfsburgo, deben estar preguntándose si el 'coche del pueblo' no se está convirtiendo en el coche de nadie.