Von der Leyen pone la vivienda en la agenda europea: ¿más deuda y regulación o solución real?
El precio de la vivienda en la UE ha subido un 20% desde 2015, según la propia presidenta de la Comisión. Pero las tres medidas que propone para la primera cumbre europea de vivienda –subvenciones a la compra y alquiler, revisión de los alquileres vacacionales y nuevas regulaciones ambientales– han generado un escepticismo feroz. El diagnóstico mayoritario es claro: sin atacar la raíz de la escasez de oferta, cualquier ayuda pública solo servirá para inflar aún más los precios.
El efecto perverso de las ayudas
Las subvenciones a la demanda, ya sea para comprar o alquilar, aumentan el poder adquisitivo de los compradores sin que la oferta se mueva. El resultado previsible es una subida de precios equivalente al importe de la ayuda. Además, la revisión de los alquileres vacacionales pretende limitar la rentabilidad de los pequeños propietarios, lo que, lejos de aumentar la oferta de alquiler residencial, puede provocar que retiren sus viviendas del mercado. Por otro lado, las exigencias medioambientales en la construcción encarecen los proyectos y ralentizan la edificación.
El factor demográfico: la inmigración como variable omitida
Varios análisis apuntan a que el verdadero motor de la presión sobre la vivienda es la llegada masiva de inmigrantes. En España se habla de 500.000 nuevos habitantes al año, y en el conjunto de la UE, de 700.000. Sin control de fronteras y con una natalidad autóctona en caída, la demanda estructural seguirá creciendo. Las medidas de Von der Leyen no abordan este aspecto, lo que refuerza la tesis de que la cumbre será un ejercicio de relaciones públicas.
Lecciones del pasado: cuando se construía vivienda como churros
El debate ha rescatado ejemplos históricos de construcción masiva: la URSS fabricó viviendas modulares prefabricadas en los años 50-60, y la España franquista levantó 4 millones de viviendas para obreros en una década. La clave era la voluntad política de liberar suelo y simplificar trámites. Hoy, la burocracia, las normativas verdes y la especulación del suelo mantienen la oferta artificialmente restringida.
La pregunta que nadie responde es si la UE está dispuesta a tomar medidas impopulares: liberalizar suelo, reducir impuestos a la construcción y, sobre todo, controlar la inmigración. Mientras tanto, el precio de la vivienda seguirá subiendo al compás de la impresión de dinero y las subvenciones.
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