La OTAN europea que Von der Leyen quiere sin EE UU
Ursula von der Leyen usó su discurso anual sobre el estado de la Unión, pronunciado este miércoles en el Parlamento Europeo de Estrasburgo, para proponer una alianza de seguridad mutua entre los Estados miembro de la Unión Europea y países como Ucrania, Reino Unido, Canadá y Noruega. El detalle que ha disparado el runrún no es quién entra, sino quién se queda fuera: Estados Unidos. La presidenta de la Comisión Europea añadió que le gustaría que Canadá fuese el posible primer miembro asociado de la UE.
El nombre elegido, sin embargo, es engañoso. El artículo 4 de la OTAN es un mecanismo de consulta —cualquier aliado puede pedir una reunión formal si percibe amenazada su seguridad, su independencia política o su integridad territorial—, no una cláusula de defensa. La asistencia mutua militar es el artículo 5.
Qué diferencia hay entre el artículo 4 y el artículo 42.7 del Tratado
La UE ya tiene su propia cláusula de asistencia mutua militar obligatoria: el artículo 42.7 del Tratado de la Unión. Sobre ese detalle se ha construido buena parte del escepticismo: si el paraguas jurídico existe desde hace años, ¿para qué se anuncia un mecanismo nuevo con un nombre prestado de la OTAN? Hay quien sostiene que el envoltorio importa más que el contenido, porque permite presentar como cesión histórica algo que ya estaba escrito en los tratados.
Frente a esa lectura, otra corriente defiende que la propuesta responde a una necesidad real: la UE afronta amenazas crecientes y necesita autonomía estratégica sin depender de Washington. El escenario más duro apunta en dirección contraria: que la alianza sirva para que Europa asuma compromisos y facturas mientras Londres y Ottawa mantienen su alineamiento con Estados Unidos pase lo que pase. Sobre Ucrania, la objeción es aún más explícita: se argumenta que su incorporación convertiría a los socios europeos en parte del conflicto en lugar de garantes de una paz.
Nadie ha explicado todavía en qué se diferenciaría ese mecanismo del artículo 5 de la OTAN al que la propuesta se remite sin citarlo, ni qué ocurre si la consulta no desemboca en asistencia efectiva. Ahí se atasca el análisis: en la distancia entre el nombre que se anuncia y lo que el texto, de momento, no dice.