La Comisión Europea pide subir el IVA de bares al 21%: ¿adiós al café a 1,20€?
¿Cuánto pagará tu próxima cerveza si Bruselas se sale con la suya? La Comisión Europea ha propuesto formalmente a España que suba el IVA reducido de la hostelería y el alojamiento turístico del 10% actual al tipo general del 21%. El argumento es tan simple como demoledor: la medida permitiría ingresar 7.000 millones de euros adicionales en las arcas del Estado, según el documento comunitario.
Un hachazo fiscal a las terrazas
La propuesta se enmarca en la revisión presupuestaria de la UE, que busca que los países cumplan con los límites de déficit y deuda. Para la Comisión, mantener tipos reducidos en sectores como la hostelería supone un esfuerzo fiscal que España no debería permitirse. La reacción no se ha hecho esperar: hay quien ve en esta subida una sentencia de muerte para bares de barrio y terrazas, con márgenes ya ajustados por la inflación. Si el IVA se duplica, los precios tendrán que subir o los negocios cerrarán. La lógica del impuesto nunca ha favorecido el consumo, y aquí sería un mazazo directo al pequeño comercio.
Lujo o necesidad: el eterno debate del IVA
Frente a los agoreros, también hay quien defiende la medida con un argumento de equidad: alojarse en un hotel o comer fuera es un lujo, no una necesidad básica. Por tanto, debería tributar al tipo máximo, igual que otros consumos de ocio. La contrapartida lógica sería eliminar el IVA de productos básicos para aliviar a las rentas más bajas. Así lo plantea una corriente que aplaude la iniciativa, aunque sin entrar en los detalles de cómo se compensaría a los hogares vulnerables.
¿Y el bolsillo del consumidor?
El escenario más probable es un traslado directo del coste al cliente. El café con leche que hoy pagas a 1,20€ podría convertirse en un artículo de lujo, y la tapa de toda la vida, en un recuerdo. Los hosteleros ya alertan: primero se mantendrán los precios, pero cuando llegue la declaración trimestral, el palo será doble. Entonces llegarán las subidas, la caída de clientela y más cierres. Mientras tanto, Bruselas llama a la puerta, y no viene a preguntar.