Alvise prometió audios y sorteos: cuatro meses de nada
¿Cuánto aguanta una promesa sin fecha de entrega?
Cuatro meses, según el contador que se repite desde la noche electoral. Alvise Pérez, eurodiputado, anunció una revelación capaz de tumbar a políticos del Congreso y del Gobierno y, desde entonces, ni un audio, ni un vídeo, ni un nombre. El compromiso era tajante: en cuanto tuviera el
acta de inmunidad, tiraba de la manta. Con el acta en la mano, el argumento mutó: antes de publicar nada hay que reformar la ley para no acabar en la cárcel. La secuencia que movilizó
800.000 votos se ha convertido en un calendario elástico, y quien le votó empieza a mirar el reloj.
Qué prometió Alvise y qué ha entregado
El paquete era ambicioso. Audios, vídeos y presuntos delitos que harían caer a cargos del Gobierno y del Congreso.
Nada ha visto la luz. Primero fue la falta de protección jurídica; llegó el escaño y con él el aforamiento, y el segundo argumento sustituyó al primero: hay que reformar la ley para evitar la cárcel antes de soltar el material. Entre medias, según sus críticos, el eurodiputado ha votado iniciativas que no figuraban en su programa y ha alimentado la expectativa de unas generales que, según su propio relato, no le interesaban. El resultado es un reguero de anuncios sin entrega que ya dura cuatro meses.
El sorteo de los 100.000 euros: dos ganadores y ninguna prueba
El sorteo de
100.000 euros anunciado entre seguidores es el otro frente abierto. Se han comunicado dos agraciados, siempre según la versión del propio organizador, y ninguna prueba pública permite comprobar que existen. La sospecha circula sin necesidad de mucha elaboración: que el premio se quede en casa, que uno sea para Alvise y otro para Pérez Alvise, o que sencillamente no haya nada que repartir. Un sorteo que, según el relato que circula, se interrumpió a mitad y se reanudó con ganador inmediato tampoco ayuda a disipar dudas. El dinero, sostienen quienes siguieron el asunto, nunca se vio.
Madeira Invest Club: la promoción de un producto que dejó pérdidas
El tercer frente tiene nombre. En el
Madeira Invest Club, un encuentro de inversión, el eurodiputado intervino para promocionar un producto de criptomonedas. Según las acusaciones difundidas después, miles de asistentes habrían perdido su dinero y el vídeo de la intervención habría permanecido oculto hasta su publicación por terceros. Quienes sostienen esa versión cifran en
100.000 euros lo obtenido en el marco de la operación y aseguran que el material se ha remitido ya al Tribunal Supremo. Sin resolución judicial conocida, todo esto queda en el terreno de la denuncia.
Del rezo ante la clínica al aborto como derecho en la UE
Año y medio separa dos imágenes difíciles de encajar. La primera: el entonces candidato de rodillas ante una clínica abortiva en Madrid. La segunda: el eurodiputado usando los 800.000 votos recibidos para promover el aborto como derecho fundamental en la Unión Europea. El giro se ha convertido en el argumento más repetido por quienes le acusan de haber instrumentalizado el descontento: si la posición cambia según el foro,
la palabra no vale nada. Y en política, cuando la palabra no vale nada, el escaño se cobra igual.
Los 800.000 votos y la pelea por el voto útil
Aquí se cruzan dos relatos. Uno sostiene que el objetivo real de esta operación es dividir el voto contrario al Gobierno y sostener así a Pedro Sánchez en La Moncloa hasta 2031; el otro responde que cualquier cosa que rompa la red clientelar de los partidos —rojo, azul o morado, da igual— es bienvenida, aunque solo sea un poquito. En medio queda un dato incómodo: buena parte de quienes le votaron no esperaban un programa, sino un castigo. Y el castigo, por ahora, no ha alcanzado a nadie salvo a los propios votantes.
El espejo venezolano: votar cuando nada cambia
Hay un paralelismo que se repite con insistencia. Según el relato de un participante en el debate, en Venezuela el oficialismo se imponía con participaciones en torno al
20%; cuando la oposición creyó que esta vez sí había opciones, la afluencia subió hasta cerca del
50% y el resultado, según esa misma versión, no cambió nada. Trasladado a España, el argumento es que la abstención ya no expresa descontento, sino resignación: nadie espera que votar altere el reparto y el sistema se sostiene por inercia. Después de una catástrofe natural con pérdidas materiales masivas y un Gobierno muy cuestionado, la pregunta de si el voto sirve sigue sin respuesta. Y ahí es exactamente donde encaja el voto protesta.
Por qué muchos votantes no ven diferencia con el resto de partidos
La defensa más repetida no niega los hechos: los relativiza. Todos los partidos prometen y no cumplen, dicen. PP, PSOE, VOX o la formación de turno llevan décadas haciendo lo mismo:
prometer hasta meter. Desde esa lógica, el desencanto con Alvise no es un caso aparte, sino la confirmación de un sistema en el que el voto se capta con humo y se amortiza en cuatro años. El argumento tiene un problema práctico: si todo es igual, nada cambia, y el que se lleva el escaño siempre acaba siendo el mismo.
Queda el consuelo del aforado. Mientras se reforma la ley que le deje hablar, el acta se cobra puntual y el contador sigue sumando. A este ritmo, la revelación que iba a tumbar al Gobierno llegará antes a la jubilación que al Congreso.
Aviso legal: las acusaciones sobre promociones de inversión, sorteos y cobros recogidas en este texto son afirmaciones difundidas sin resolución judicial conocida.