Doce asignaturas, dos exámenes y casi 2.000 euros: la crónica de un naufragio en la UNED
En septiembre, la motivación juega malas pasadas. Un estudiante de la UNED se matriculó de doce asignaturas de una vez, desembolsó cerca de 2.000 euros y, meses después, solo llegó a presentarse a dos exámenes. La historia no termina ahí: el precio de repetir esas asignaturas se dispara. ¿Es el sistema universitario una estafa o el resultado de un exceso de ambición?
La factura de estudiar a destajo
La UNED, universidad pública a distancia, permite matricularse de tantas asignaturas como el alumno quiera. Pero no avisa de los riesgos: cada convocatoria no superada encarece la siguiente matrícula. En este caso, el estudiante se encontró con que las asignaturas que ya había intentado en 2021 le costaban el doble. Y el triple si volvía a fallar. Un mecanismo de penalización que, para muchos, convierte el error en un castigo económico desproporcionado.
Los defensores del sistema argumentan que es una medida para evitar la ocupación de plazas y fomentar la constancia. Pero la normativa, que varía por universidad, puede convertir un tropiezo en una deuda silenciosa: el coste de estudiar a destajo no se ve en la matrícula, se ve en la siguiente.
Niebla mental, COVID o falta de planificación
El estudiante asegura que una «niebla mental» le impidió rendir. Pérdidas de memoria, dificultades de concentración y fatiga extrema, síntomas que algunos vinculan a secuelas del COVID. Otros, en cambio, no ven una enfermedad sino un patrón de procrastinación: matricularse de doce asignaturas sin un plan realista es la receta perfecta para el fracaso.
Las posturas se dividen: quienes culpabilizan al alumno por querer abarcar demasiado y quienes señalan que la UNED no hace lo suficiente para orientar, con exámenes presenciales y temarios que parecen anclados en otra época.
Alternativas: UOC, inteligencia artificial y el valor del título
La conversación deriva hacia las alternativas. La UOC, otra universidad online, aparece como opción más flexible, aunque también más cara. Y un apunte recurrente: la inteligencia artificial permite «sacarse» una carrera sin estudiar, según algunos. Eso dice poco del valor de los títulos y mucho de un mercado laboral que, a menudo, pedirá el papel aunque nadie pueda demostrar lo que hay detrás.
La pregunta que queda flotando: si el conocimiento se consigue gratis con una IA y las universidades encarecen repetir, ¿qué están vendiendo exactamente? El título, desde luego, cada vez pesa menos.