Elbichito: ¿nueva amenaza o cortina de humo sobre la economía?
¿Estamos ante un nuevo brote de Elbichito o ante una maniobra para desviar la atención? La pregunta no es nueva, pero resurge con fuerza cada vez que aparecen noticias de positivos en residencias y brotes en varias comunidades. El último episodio: varios diagnósticos en residencias de Torrejón y Alcalá, y brotes en Madrid y Andalucía. La coincidencia con el calendario político es, cuando menos, llamativa.
El contexto político y la sombra de la cortina de humo
Hay quien sostiene que estos brotes son un regalo para un Gobierno que necesita desviar la atención de asuntos como la crisis de Ceuta, los escándalos que salpican al entorno presidencial o el descontento social. La lógica es sencilla: un enemigo invisible que requiere medidas excepcionales viene de perlas para silenciar el ruido de fondo. Además, se señala que la maquinaria mediática ya ha comenzado a calentar el ambiente con titulares alarmistas sobre la nueva cepa, el repunte en agosto y la necesidad de preparar el terreno para el confinamiento. Incluso se asegura que el foco se moverá hacia las mascara y las banderilla, dejando en segundo plano los problemas reales de la economía.
El coste económico de un nuevo confinamiento
Pero la posibilidad de volver a encerrar a la población es el gran miedo que recorre el tejido empresarial. Un nuevo confinamiento sería una ruina para negocios, empresas y trabajadores que ya están al límite. Las ciudades se han manifestado, y una repetición de la cuarentena provocaría un daño irreparable en el empleo y en la confianza de los consumidores. El contexto macro no acompaña: precios de combustible disparados, inflación desbocada, bonos y euríbor al alza. En ese escenario, algunos analistas ven en el Elbichito una herramienta útil para calmar los ánimos y frenar una economía que camina sin frenos hacia el precipicio. Esa lectura, aunque conspiranoica, encuentra eco en la paradoja de que coinciden los brotes con el empeoramiento de los indicadores económicos.
El eterno debate científico: mascara y banderilla
Mientras tanto, la comunidad científica sigue dividida. Por un lado, los partidarios de las medidas restrictivas defienden su eficacia a partir de estudios y de la experiencia de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo. Por otro, los escépticos recuerdan que Suecia no impuso confinamientos ni mascara y que la mortalidad no fue tan distinta, o que los propios ensayos sobre la transmisión de la gripe ponen en duda la utilidad de las mascara. La banderilla anual contra la gripe y el Elbichito se presenta como la solución, pero una parte de la población ya no se fía y considera que la inmunidad colectiva no es tan estanca como se predica. En medio de este ruido, la Organización Mundial de la Salud recomienda mantener la vigilancia, pero sin caer en el alarmismo. La realidad, mientras tanto, es que los hospitales siguen registrando casos, y que nadie parece dispuesto a renunciar a la narrativa que más rentabilidad política y económica le aporte.
[DIVIDER][/DIVIDER]
Con el otoño en el horizonte, la pregunta es si la nueva ola de Elbichito será la excusa perfecta para justificar medidas impopulares o si realmente estamos ante un repunte de la enfermedad que requiere cautela. La historia reciente sugiere que el bicho no ha desaparecido, pero tampoco que haya vuelto con la virulencia de 2020. La diferencia es que ahora el contexto es distinto: la economía está más frágil, la población más escéptica y los políticos más necesitados de un golpe de efecto. Que cada cual saque sus conclusiones.