Sala i Martín y la burbuja del bitcoin: valor «cerca de cero»
En noviembre de 2013 el bitcoin cotizaba en torno a
130 dólares después de triplicarse en apenas tres semanas. En plena fiebre, el economista Xavier Sala i Martín publicó en su blog un artículo titulado «Apocalipse: La burbuja del bitcoin» en el que sostenía que el valor intrínseco de la criptomoneda «probablemente esté cerca de cero». La frase cayó como un jarro de agua fría sobre una comunidad en plena euforia.
No era un cualquiera. Profesor de Economía en una universidad norteamericana, llegó a lo más alto del ranking RePEc a comienzos de siglo. Dos décadas más tarde, su nombre figuraba en el puesto
294 entre los economistas más citados de la última década. Eso no lo convierte en un ignorante. Solo matiza el peso que algunos quisieron dar a su veredicto.
Qué dice Sala i Martín sobre el bitcoin
El texto ataca por varios frentes. Sostiene que los mineros no solucionan «complejos problemas matemáticos», sino uno computacionalmente intensivo: encontrar un hash con muchos ceros delante. Reprocha que la oferta se rija por la casualidad, igual que en el oro. Y avisa de que los bitcoins pueden robarse.
Hay un matiz que el artículo omite. El robo de un bitcoin no es un robo de la red, sino de la custodia. Las claves privadas guardadas en servicios de terceros sí se pueden vulnerar. El protocolo, no.
¿Por qué el bitcoin no se parece al oro?
La comparación con el metal precioso se usa en las dos direcciones. Para unos, el oro vale lo que pesa y no se puede hackear, mientras el bitcoin sería una cadena de bits expuesta a cualquier virus. Para otros, el argumento se invierte: la oferta del oro también depende de que sus tenedores quieran vender, como en cualquier mercado. La diferencia está en que el dinero fiduciario se puede fabricar con solo darle a la impresora, y el bitcoin no.
De fondo asoma una cifra incómoda para los escépticos: la base monetaria del bitcoin apenas superaba entonces los
11 millones de unidades. Con ese volumen en circulación, sostienen los defensores, los 130 dólares eran una ridiculez. Si todos los comercios lo aceptaran, añaden, hablaríamos de otra escala.
El argumento de la burbuja: ¿tiene valor fundamental una moneda?
Aquí el debate se pone interesante. Trasladar el análisis teórico de las burbujas a los procesos de monetización de un activo tiene escaso sentido, según la objeción que circuló en paralelo al artículo. Una burbuja existe cuando el precio de mercado supera el valor fundamental. La pregunta, entonces, es cuál es el valor fundamental del bitcoin. ¿Cero?
Si la respuesta es cero, cualquier precio es una burbuja por definición y el diagnóstico no explica nada. Juzgar una tecnología monetaria incipiente con la vara de los tulipanes o del ladrillo exige dar por sentado que no vale nada. Y eso, más que un dato, es la conclusión que se quería demostrar.
La corrección del 30% que dio la razón al pesimismo
El mercado se movió rápido. En apenas unos días el bitcoin se desplomó un
30% desde máximos. Un operador que había apostado a la baja con una variante de la estrategia de martingala cerró el movimiento con un
15% de beneficio y anunció su retirada a por el siguiente trade. La caída parecía confirmar el aviso.
Conviene no confundir suerte con tesis. Tres semanas antes ese mismo activo se había triplicado. Un retroceso del 30% tras un rally de ese calibre entra dentro de lo previsible. La advertencia clásica vale aquí: el mercado puede permanecer irracional más tiempo del que uno aguanta su liquidez.
¿Qué queda del bitcoin como medio de pago?
La crítica más dura no hablaba de precio, sino de uso. Si la intercambiabilidad del bitcoin por bienes y servicios es reducida y el comercio real escaso, su demanda sería puramente especulativa. Cualquiera que quisiera comprar algo tendría que cambiarlo antes por dólares o euros.
La respuesta llegó desde las pasarelas de pago. Servicios que convierten bitcoins en moneda fiat de forma instantánea permiten al comercio cobrar sin exponerse a la volatilidad, con comisiones por debajo de las de Visa. El vendedor nunca toca la criptomoneda ni ve el precio moverse. Ese matiz, ausente del artículo, cambia el diagnóstico: el problema no es técnico, es de adopción.
Cada bando tiene su cifra. Los escépticos, el 30% de caída y una base de usuarios minúscula. Los defensores, los 11 millones de monedas y un protocolo que, a la fecha de esta discusión, no se había roto. Nadie puso encima de la mesa el número que zanjaría la discusión: cuánto vale de verdad un bitcoin si mañana desapareciera la especulación. Ese cálculo sigue sin hacerse.