Y Abascal vio Lérida (Ignacia de Pano en Vozpópuli)

Y Abascal vio Lérida (Ignacia de Pano en Vozpópuli)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El líder de Vox, **Santiago Abascal**, ha realizado un paseo por el centro de **Lérida**, una ciudad con una fuerte presencia independentista y de inmigración, donde ha sido recibido con apoyo por parte de los ciudadanos.

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El líder de Vox, Santiago Abascal, ha realizado un paseo por el centro de Lérida, una ciudad con una fuerte presencia independentista y de inmigración, donde ha sido recibido con apoyo por parte de los ciudadanos.

El líder de Vox, Santiago Abascal, ha protagonizado un acto en Lérida que ha llamado la atención por el contexto de la ciudad. Su recorrido a pie por el eje comercial, habitualmente considerado "territorio comanche" por su fuerte arraigo independentista, se saldó con una notable acogida y muestras de apoyo por parte de los asistentes. Este hecho contrasta con la percepción general de la ciudad, descrita como hostil para quienes no comparten sus corrientes políticas dominantes.

Lérida: un enclave estratégico y sus desafíos

Lérida, una ciudad de tamaño medio con unos 140.000 habitantes, se asienta sobre una colina coronada por la imponente catedral gótica de la Seu Vella. Su ubicación geográfica, entre el Pirineo y el mar, y su posición intermedia entre Barcelona y Zaragoza, la han convertido en un punto neurálgico para las comunicaciones y el comercio. Históricamente, sus fértiles campos de regadío y su río, el Segre, han sustentado una próspera industria agroalimentaria y un comercio sofisticado para su tamaño. Además, ha ejercido como centro de influencia para la vecina Huesca, especialmente para la zona conocida como La Franja, que siempre ha visto en Lérida su capital natural para compras y gestiones.

Sin embargo, esta posición ventajosa se ha visto mermada por decisiones políticas internas. En los años álgidos del Procés, la ciudad, al igual que Gerona, se volcó de lleno en el independentismo más radical. Esta deriva llevó a la ruptura de lazos con su área de influencia aragonesa. Gestos como pintadas de "aquí empieza la P… España" o insultos dirigidos a los habitantes de localidades cercanas como Fraga, Binéfar o Monzón, provocaron que estos prefirieran desplazarse a Zaragoza, a pesar de la mayor cercanía de Lérida.

El coste del independentismo y la inmigración

La inseguridad jurídica generada por el 1 de octubre de 2017 supuso un duro golpe para la economía leridana. Numerosas empresas decidieron trasladar sus operaciones y sedes a entornos más estables, como los municipios aragoneses situados a apenas veinte kilómetros. Esta fuga de capital y actividad económica se sumó a la pérdida de patrimonio artístico. Las joyas custodiadas en el Museo de Lérida, pertenecientes a diócesis que ya no las incluían, fueron devueltas a sus pueblos de origen en Aragón. Lo que para algunos fue una "jugada maestra", para muchos significó un autogol que dejó a la ciudad sin clientes y sin parte de su legado cultural.

La cerrazón política y el independentismo extremo han transformado Lérida en un lugar percibido como hostil para quienes no comparten estas ideas. La ciudad ha visto disminuir la llegada de españoles que buscaban prosperar y desarrollar su vida allí. En su lugar, ha aumentado significativamente la población inmigrante, principalmente de origen norafricano y de cultura musulmana. Inicialmente atraídos por el trabajo en el sector frutícola, muchos se han quedado, viviendo de las ayudas sociales y subvenciones proporcionadas por sucesivos gobiernos autonómicos. La situación actual se describe como un punto crítico, donde la población de origen inmigrante, que ya representa una parte considerable del censo, parece tener poca intención de integrarse, optando por imponer sus propias costumbres, lo que genera preocupación por su impacto en la seguridad y en los derechos de las mujeres y niñas leridanas.

Un recorrido inusual y un mensaje de esperanza

En este escenario complejo, Santiago Abascal, líder de Vox, visitó Lérida. Su recorrido a pie por el eje comercial más largo de Europa, con tres kilómetros y medio de calles peatonales, se convirtió en un acto simbólico. Este mismo eje, que una vez fue el corazón vibrante de la ciudad, ahora se percibe como un lugar peligroso al anochecer, con muchos locales comerciales vacíos. Abascal atravesó esta zona, considerada por muchos como "territorio comanche", hasta llegar a la plaza Ricardo Viñes, en la parte alta de la ciudad. Contrario a lo que se podría esperar, su paso no estuvo marcado por la hostilidad, sino por gritos de ánimo y muestras de apoyo.

Para muchos leridanos, este trayecto a pie por el centro de la ciudad resulta casi inimaginable, dado el dominio percibido del independentismo y el peligro que algunos atribuyen a cualquier manifestación de patriotismo español. Sin embargo, el líder de Vox experimentó un "baño de masas", recibiendo cariño y ovaciones. Este hecho sugiere que hay una parte de la población deseosa de ver reclamado ese espacio político y social. Quizás los separatistas no son tantos como creen, o quizás la creciente presencia de la inmigración, que ya ronda el veinte por ciento de la población, ha mermado el deseo de enfrentarse con vecinos constitucionalistas.

La historia de Lérida está marcada por eventos significativos, desde su mención en la Divina Comedia de Dante hasta las batallas de la Guerra Civil entre Julio César y Pompeyo. La dureza de estas campañas en la llanura leridana dio lugar a la expresión latina "Ilerdam videas", utilizada para desear el peor de los males a alguien. Sin embargo, Santiago Abascal visitó la ciudad y, lejos de sufrir ningún mal, encontró ciudadanos deseosos de sentirse arropados y de dejar de sentirse solos. La ciudad, que ha sido testigo de tantas generaciones de españoles, no puede caer en el olvido.

Datos clave
  • *Santiago Abascal** visitó Lérida el pasado jueves.
  • El recorrido a pie tuvo lugar por el eje comercial de tres kilómetros y medio.
  • La ciudad se enfrenta a un fuerte independentismo y a una creciente inmigración.
  • El líder de Vox recibió muestras de apoyo popular.
  • La expresión latina "Ilerdam videas" se acuñó por las batallas históricas.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Eric Finch

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Y Abascal vio Lérida​

22/09/2026

Ignacia De Pano-Vozpópuli​


  • El líder de Vox atravesó el territorio comanche y sorteó entre multitudes la temida maldición romana

Uno sabe que va llegando a Lérida, para quedarse algunos, para pasar de largo los más, cuando el desierto de los Mozainos que empieza justo a la salida de Zaragoza va dejando paso al verde de los campos de regadío que se transmutan en todos los tonos del blanco o el rosa durante la floración de sus árboles frutales. Una ciudad de tamaño medio, unos 140.000 habitantes, organizada alrededor de una colina en cuya cúspide reina la vieja catedral gótica, la Seu Vella, que es de una belleza deslumbrante. Para los que atraviesan la llanura leridana camino de casa, el ángulo recto perfecto que crean en su encuentro el claustro y la torre de la Catedral funciona como un faro que en vez de avisar de las dificultades de la costa te confirma que tu viaje llega a su fin mientras te recibe con los brazos abiertos.

Entre el Pirineo y el mar​

Lérida es antiquísima. Quizás estuvo poblada desde siempre porque tenía agua, la del río Segre que la atraviesa, y porque sus campos y su huerta son muy fértiles. Sobriamente rica, con una industria agroalimentaria puntera y un comercio de una sofisticación que excedía con mucho la propia de una ciudad de su tamaño. Se añaden a estas ventajas su perfecta ubicación, a caballo entre el Pirineo y el mar y a mitad de camino entre Barcelona y Zaragoza, lo que la ha hecho beneficiarse de todas las mejoras en las comunicaciones entre las dos grandes capitales españolas. No siendo esto bastante, se ha beneficiado también de ser el centro de una zona importante de la vecina Huesca, La Franja, que siempre ha considerado a Lérida su capital natural y la ciudad a la que ir para sus compras y sus gestiones.

Pero todas esas ventajas de nada sirven si los habitantes se acostumbran a lo que es un privilegio y deciden pegarse un tiro en el pie. Lérida, como Gerona, abrazó pronto el independentismo extremo y decidió sacudirse, como quien descarta un abrigo viejo, a toda su área de influencia de la vecina Aragón. En los peores años del Procés, los insultos o las pintadas de “aquí empieza la P… España” dejaron bien claro a los habitantes de Fraga, Binéfar o Monzón donde ir a comprar los zapatos. Daba igual que Zaragoza estuviera a hora y cuarto de distancia y Lérida a escasos veinte minutos. El viaje merecía la pena. A los que te insultan o te miran por encima del hombro, ni agua.

Un gol en propia puerta​

Como un golpe de justicia poética, estos mismos pueblos despreciados se beneficiaron de la inseguridad jurídica creada por el golpe de Estado frustrado del 1 de octubre del 17. Infinidad de empresas leridanas decidieron trasladar sus operaciones y sus cuentas corrientes a ese entorno seguro a veinte kilómetros de distancia.

También se perdieron las joyas artísticas que se custodiaban en el Museo de Lérida y que volvieron a sus respectivos pueblos aragoneses. No tenía sentido que una diócesis que ya no los incluía siguiera conservándolos. Por usar palabras de Puigdemont, una jugada maestra, siempre que consideremos como juzgada maestra el gol en propia puerta. Independentistas al fin sin republiqueta, sin clientes y sin arte.

Antes que Ceuta estuvo Lérida​

Esta cerrazón, que ha ido a peor, ha hecho de la ciudad para quien no la conoce un lugar hostil. Ya no llegan, como antes, habitantes de otras partes de España a enriquecer la vida local y a desarrollar su vida allí. Los que sí han llegado, hasta convertirse en una parte muy importante de la población, han sido los emigrantes del norte de África y otros países de cultura musulmana. Al principio, y hablo de muchos años, venían a trabajar en la fruta. Después, a vivir del entramado de paguitas y subvenciones que han ido creando para ellos los sucesivos gobiernos de Esquerra y PSC. Y es que antes que Ceuta estuvo Lérida, con sus burkas por la calle hace quince años. Hoy, con clanes de pakistaníes a machetazo limpio en sus plazas, la situación parece haber superado el punto de no retorno. La ciudad ya no puede asimilar una población que no tiene la menor intención de integrarse, sino que pretende implantar sus propias costumbres, tan amenazadoras para las mujeres y las niñas leridanas.

Pues a esta plaza hostil, dominada casi a partes iguales por el separatismo y la inmi gración religiondelamor descontrolada, es donde Santiago Abascal aterrizó el pasado jueves. Bajó del tren y atravesó enterito el eje comercial más largo de Europa con tres kilómetros y medio de calles peatonales que ha pasado de ser el corazón de la ciudad a convertirse en un lugar peligroso para el paseo en cuanto oscurece y con muchos de sus locales, antes ocupados por comercios punteros, con el organización incivil de se vende.

Atravesar territorio comanche​

Así llegó el líder de Vox hasta la plaza Ricardo Viñes, el núcleo de la parte alta de la ciudad, y solo recibió en su camino gritos de ánimo y apoyo. Para cualquier leridano, ese trayecto a pie de Abascal por el mismo centro de la ciudad resulta casi inimaginable. Es territorio comanche, propiedad exclusiva del independentismo, zona peligrosa para cualquier español que lleve su patriotismo al aire. Y sin embargo, el líder de Vox se dio un baño de masas, de cariño y de ovaciones sin fin. Quizás porque son muchos los que estaban deseando que ese territorio perdido fuera reclamado de nuevo. Quizás porque los separatistas no son tantos como ellos creen o porque la aparición de un nuevo peligro, los recién llegados que ya son casi el veinte por ciento de la población, les han quitado las ganas de enfrentarse con sus vecinos constitucionalistas.

Lérida ocupa algunos versos del purgatorio de la Divina Comedia, y en Lérida tuvieron lugar las peores batallas de la guerra Civil entre Julio César y Pompeyo. Tanto sufrieron ambos ejércitos en su llanura, con sus soles inclementes en verano y sus nieblas cerradas en invierno que, tras esa campaña, se acuñó un dicho que servía para que un romano pudiera maldecir y desearle lo peor a otro: “Ilerdam videas”. Que veas Lérida.

Santiago Abascal la vio el jueves y en contra de la maldición, no sufrió ningún mal. Todo lo contrario, se encontró con unos ciudadanos deseosos de sentirse arropados y hartos de encontrarse solos. A Lérida, recordada por el Dante, pisada por César y trabajada y vivida por tantas generaciones de españoles, no se la puede dejar caer. En Lérida murieron mis abuelos y en Lérida nació mi padre, el mejor español que yo haya conocido.

En el próximo viaje en tren, aunque sea de paso, y siempre que la niebla lo permita, cuando paséis por ella dejad de leer un momento y mirad por la ventanilla la silueta heroica de la Seu Vella o la verde ribera del Segre. Porque esa ciudad aparentemente hostil y ajena, que parece que no le importa a nadie, también es vuestra. Si no me creéis, preguntadle a Santiago Abascal.
 
 

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